La ética de Kant: el imperativo categórico, el deber y la autonomía de la voluntad
En un mundo donde las buenas acciones producen resultados desastrosos y las acciones viles generan prosperidad, ¿qué puede llamarse todavía bueno sin reservas? Immanuel Kant respondió esa pregunta con una claridad que perturbó la filosofía moral durante más de dos siglos: solo la buena voluntad merece el título de bien incondicionado. No el talento, no el valor, no siquiera la felicidad, pues todos esos bienes pueden orientarse hacia fines perversos. Solo la voluntad que actúa por puro respeto a la ley moral, con independencia de sus consecuencias, posee valor moral en sí misma. A partir de esta intuición inaugural, Kant construyó, en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785) y en la Crítica de la razón práctica (1788), la arquitectura ética más ambiciosa y más discutida de la modernidad. ...