
Filósofo, novelista y dramaturgo, Jean-Paul Sartre nació en París en 1905 y se formó en la École Normale Supérieure, donde conoció a Simone de Beauvoir, su compañera intelectual y afectiva durante toda la vida. Una estancia en Berlín, en los años treinta, lo puso en contacto directo con la fenomenología de Husserl y Heidegger, que se convertiría en la base de su pensamiento. Prisionero de guerra en 1940-41 y, más tarde, figura central de la intelectualidad parisina de posguerra, hizo de la filosofía un ejercicio público y comprometido: fundó la revista Les Temps Modernes, se acercó al marxismo y, fiel a su rechazo de los honores institucionales, declinó el Premio Nobel de Literatura en 1964. Su muerte, en 1980, llevó a decenas de miles de personas a las calles de París.
Su ontología, expuesta en El ser y la nada (1943), distingue dos modos de ser: el en sí (en-soi), macizo e idéntico a sí mismo, propio de las cosas; y el para sí (pour-soi), el modo de ser de la conciencia, que es pura apertura y negación — una “nada” en el seno del ser. Como la conciencia no tiene una naturaleza fija, el ser humano es, ante todo, libertad: de ahí la fórmula que resume el existencialismo, “la existencia precede a la esencia”. No hay una naturaleza humana dada de antemano; primero existimos y, mediante nuestras elecciones, definimos lo que somos.
Esa libertad, sin embargo, es también un peso: estamos “condenados a ser libres”, enteramente responsables de lo que hacemos de nosotros mismos, sin coartada en la naturaleza, en Dios o en el pasado — angustia que muchos tratan de encubrir mediante la mala fe (mauvaise foi), fingiéndose cosa determinada. En la relación con los demás, la mirada ajena me convierte en objeto, de donde la célebre frase de A puerta cerrada: “el infierno son los otros”. En su madurez, Sartre buscó conciliar libertad individual y condicionamiento histórico, acercando existencialismo y marxismo en la Crítica de la razón dialéctica (1960). Su influencia marcó el feminismo de Simone de Beauvoir, la crítica anticolonial de Frantz Fanon y a toda una generación de pensamiento comprometido.
Conceptos clave
- La existencia precede a la esencia: el hombre existe antes de tener una naturaleza definida; está condenado a crearse a sí mismo
- Libertad radical: siempre somos responsables; no hay excusa en la naturaleza, la sociedad o el pasado
- Mala fe (mauvaise foi): huir de la libertad pretendiendo estar determinado como una cosa
- El ser en sí (en-soi): el ser de las cosas — opaco, idéntico a sí mismo
- El ser para sí (pour-soi): el ser de la conciencia — la nada (néant) dentro del ser; siempre proyectándose
- El otro como infierno: “L’enfer, c’est les autres” — la mirada del otro me objetiva
- Fase tardía: síntesis de marxismo y existencialismo (Crítica de la razón dialéctica)
Influenciado por
- Heidegger — ser-en-el-mundo, angustia (transforma en existencialismo humanista)
- Husserl — fenomenología intencional
- Hegel — dialéctica amo-esclavo; pour-soi
Influyó en
- Simone de Beauvoir — feminismo existencialista
- Frantz Fanon — descolonización
- Pensamiento político de la izquierda francesa
Obras
El ser y la nada (1943); El existencialismo es un humanismo (1945); La náusea (novela, 1938); Crítica de la razón dialéctica (1960).
Véase también
Filosofía del siglo XX