Immanuel Kant
Immanuel Kant

Nacido en Königsberg, en Prusia Oriental, en 1724, y sin haberse alejado jamás de su ciudad natal, Immanuel Kant llevó la vida metódica de un profesor universitario —tan regular, dice la tradición, que los vecinos ponían en hora sus relojes según su paseo diario—. Fue, según su propia expresión, la lectura de Hume la que lo “despertó del sueño dogmático” y lo llevó a una larga década de silencio, al cabo de la cual publicó, ya con 57 años, la monumental Crítica de la razón pura (1781). Su obra cierra y a la vez refunda la Modernidad, mediando la disputa entre el racionalismo de Descartes y el empirismo de Hume.

La pregunta central de la primera Crítica es: ¿cómo son posibles los juicios sintéticos a priori, proposiciones que amplían el conocimiento y, sin embargo, valen universal y necesariamente, como las de la matemática y la física? La respuesta es la “revolución copernicana”: no es el conocimiento el que se amolda a los objetos, sino los objetos los que se conforman a las estructuras a priori del sujeto. El espacio y el tiempo son formas de la sensibilidad; las categorías (causalidad, sustancia…) son formas del entendimiento. Conocemos, por tanto, solo el fenómeno —la cosa tal como aparece—, nunca la cosa en sí (Ding an sich). De ello se sigue el límite decisivo: la razón que intenta rebasar la experiencia posible (probar a Dios, el alma, el mundo como totalidad) cae en ilusiones; la metafísica tradicional, como ciencia, es imposible.

Pero lo que la razón teórica no puede demostrar, la razón práctica lo exige. En el terreno de la moral, Kant funda la ética de la autonomía: la voluntad racional se da a sí misma la ley, condensada en el imperativo categórico —“obra solo según aquella máxima por la que puedas querer que se convierta en ley universal”—. De ahí deriva la dignidad: los seres racionales son fines en sí mismos, nunca meros medios; tienen valor, no precio. Al cerrar la Crítica de la razón práctica, Kant confiesa lo que colmaba su ánimo de admiración siempre nueva: “el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí”. Su influencia es ineludible: de Fichte, Schelling y Hegel a Schopenhauer, Nietzsche y Rawls.

Conceptos clave

  • Revolución copernicana: no el sujeto adaptándose a los objetos, sino los objetos adaptándose a las formas a priori del sujeto (espacio, tiempo, categorías)
  • Juicios sintéticos a priori: universales, necesarios y amplían el conocimiento — fundamento de la ciencia
  • Cosa en sí (Ding an sich): la realidad tal como es, independientemente de nosotros — incognoscible
  • Estética trascendental: el espacio y el tiempo son formas a priori de la sensibilidad
  • Analítica trascendental: 12 categorías del entendimiento (causalidad, sustancia, etc.)
  • Dialéctica trascendental: la razón produce ilusiones cuando supera la experiencia posible → la metafísica como ciencia es imposible
  • Imperativo categórico: “Obra solo según aquella máxima por la cual puedas querer al mismo tiempo que se convierta en ley universal”
  • Autonomía: la razón práctica se da a sí misma la ley — no la recibe de fuera
  • Dignidad humana: los seres racionales tienen valor absoluto, no precio
  • Postulados prácticos: libertad, inmortalidad y Dios — no demostrables, pero exigidos por la ley moral

Influenciado por

  • Hume — “me despertó del sueño dogmático”
  • Rousseau — “el Newton del mundo moral”
  • Leibniz — racionalismo
  • Newton — modelo de ciencia

Influyó en

  • Fichte — radicaliza el sujeto trascendental
  • Schelling y Hegel — idealismo absoluto
  • Schopenhauer — la cosa en sí como Voluntad
  • Marx — la crítica como método
  • Nietzsche — destrucción de los fundamentos metafísicos
  • Husserl — conciencia trascendental
  • John Rawls — ética contractualista kantiana

Obras

Crítica de la razón pura (1781/87); Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785); Crítica de la razón práctica (1788); Crítica del juicio (1790); La paz perpetua (1795).

Véase también

Contractualismo, Ilustración y Kant