
Arnold Joseph Toynbee (1889–1975) nació en Londres y se formó en historia clásica grecorromana en el Balliol College de Oxford. Sirvió en el Foreign Office británico durante y después de la Primera Guerra Mundial y dirigió durante décadas el departamento de estudios del Royal Institute of International Affairs (Chatham House), combinando la erudición académica con una intensa actividad de análisis de las relaciones internacionales. Su obra magna, A Study of History, publicada en doce volúmenes entre 1934 y 1961, es el intento más ambicioso del siglo XX de escribir una historia comparada de todas las civilizaciones conocidas, identificando alrededor de veintiuna de ellas a lo largo de la historia humana y proponiendo un esquema común para comprender su nacimiento, crecimiento, colapso y desintegración.
A diferencia de Spengler, cuya Decadencia de Occidente conocía y discutía, Toynbee rechazó el determinismo biológico de la morfología spengleriana: para él, el destino de las civilizaciones no está fatalmente escrito desde su nacimiento, sino que depende de respuestas humanas —siempre libres y falibles— a desafíos concretos, ambientales o sociales. Ese esquema, bautizado como “desafío y respuesta” (challenge-and-response), se convirtió en su contribución más discutida: una civilización nace cuando un grupo humano, la “minoría creativa”, encuentra una respuesta exitosa a un desafío de dificultad intermedia (ni demasiado trivial, lo que haría innecesaria la respuesta, ni demasiado duro, lo que la aplastaría); crece mientras esa minoría sigue formulando respuestas creativas, imitadas por la mayoría; entra en colapso (breakdown) cuando la minoría creativa degenera en una mera “minoría dominante”, que impone obediencia por la fuerza en lugar de atraer con el ejemplo; y se desintegra a través de un “estado universal”, una “iglesia universal” y las migraciones de pueblos externos que preparan a la civilización sucesora. La obra alcanzó enorme repercusión pública en los Estados Unidos y el Reino Unido de los años cincuenta, pero recibió duras críticas metodológicas del historiador neerlandés Pieter Geyl y del británico Hugh Trevor-Roper, quienes acusaron a Toynbee de imponer un esquema apriorístico y de selección sesgada de los hechos históricos, y de deslizarse, en sus volúmenes finales, hacia una especie de profecía religiosa más que hacia la historia propiamente dicha.
Conceptos clave
- Desafío y respuesta (challenge-and-response): mecanismo central por el cual una civilización nace y se desarrolla — la respuesta creativa y exitosa de un pueblo a un desafío de dificultad intermedia impulsa su crecimiento; los desafíos triviales o abrumadores no generan civilización.
- Minoría creativa: grupo dentro de una civilización en ascenso cuyas respuestas innovadoras a los desafíos son imitadas, por “mimesis”, por la mayoría; cuando esa minoría pierde su capacidad creativa y gobierna solo mediante la fuerza, se convierte en “minoría dominante” — síntoma del colapso civilizatorio.
- Génesis, crecimiento, colapso y desintegración: las cuatro fases del ciclo civilizatorio toynbeeano, distintas del rígido esquema biológico de Spengler por depender de decisiones humanas y no de un destino orgánico ineludible.
- Estado universal e iglesia universal: en las etapas finales de desintegración, una civilización tiende a unificarse bajo un imperio coercitivo (estado universal, como el Imperio romano) que, paradójicamente, propicia la formación de una iglesia universal capaz de sobrevivir al colapso político y servir de “crisálida” para la civilización sucesora.
- Rechazo del determinismo: a diferencia de Spengler, Toynbee sostiene que no hay necesidad biológica en el declive de las civilizaciones — el colapso resulta de “suicidio”, no de “asesinato” ni de fatalidad, es decir, de fallas humanas de respuesta creativa que, en principio, podrían evitarse.
Influenciado por
- Oswald Spengler — Toynbee asimila el proyecto comparativo de una morfología de las civilizaciones, pero rechaza expresamente el determinismo biológico de La decadencia de Occidente
- La historiografía clásica griega, sobre todo Tucídides, cuyo análisis de la Guerra del Peloponeso sirvió de modelo comparativo
- Bergson — el énfasis en la creatividad como fuerza histórica, contra las explicaciones puramente mecánicas
- El pensamiento religioso cristiano, sobre todo en su etapa tardía, que lo llevó a leer la historia como un proceso dotado de dimensión espiritual, y no meramente secular
Influyó en
- Los debates de historiografía comparada y macrohistoria del siglo XX, incluso entre sus críticos más severos, como Pieter Geyl y Hugh Trevor-Roper
- Francis Fukuyama y otras teorías contemporáneas de la teleología histórica, por contraste y reacción
- Los estudios de civilización en relaciones internacionales y ciencia política comparada
- La amplia recepción popular en los Estados Unidos y el Reino Unido de las décadas de 1950-60, a través de la versión condensada de D. C. Somervell
Obras
A Study of History, 12 vols. (1934–1961); Civilization on Trial (1948); The World and the West (1953); Reconsiderations (vol. 12, 1961); Mankind and Mother Earth (1976, póstumo).
Véase también
Oswald Spengler, Hegel, Francis Fukuyama, Bergson