Trascendencia — Carácter de aquello que supera un determinado dominio, situándose “más allá” de él. El término deriva del latín transcendere (“traspasar”, “ir más allá”), compuesto de trans (más allá) y scandere (escalar, subir). En sentido amplio, es trascendente todo lo que excede los límites de una esfera dada: de la experiencia, de la conciencia, del mundo sensible o de la propia realidad finita. La noción se opone directamente a la de inmanencia, que designa aquello que permanece interior a un dominio, sin salir de él. En la metafísica y la teología se habla de un Dios trascendente cuando este se concibe como radicalmente distinto y separado del mundo creado, en contraste con las concepciones inmanentistas o panteístas, en las que lo divino se identifica con la totalidad de lo real. En la filosofía medieval, los “trascendentales” (unum, verum, bonum: lo uno, lo verdadero y lo bueno) eran propiedades del ser que atravesaban y excedían las categorías aristotélicas. Un hito decisivo se halla en Kant, en la Crítica de la Razón Pura, donde es crucial distinguir lo trascendente de lo trascendental: lo trascendente es aquello que rebasa los límites de toda experiencia posible (y, por tanto, escapa al conocimiento), mientras que lo trascendental se refiere a las condiciones a priori que hacen posible la experiencia. En la fenomenología de Husserl, la trascendencia designa el modo en que los objetos se dan a la conciencia como algo que la excede. El concepto es, así, central para la metafísica, la teología y la epistemología.
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