Teodicea (théodicée, de theós, “dios”, y díkē, “justicia”) — Intento de justificar la bondad, la justicia y la omnipotencia de Dios ante la existencia del mal en el mundo. El término fue acuñado por Leibniz en los Ensayos de Teodicea sobre la bondad de Dios, la libertad del hombre y el origen del mal (1710). El problema que enfrenta, el llamado problema del mal, es antiguo: el argumento de que Dios, si quiere y puede impedir el mal, no lo permitiría se atribuye tradicionalmente a Epicuro, aunque la atribución es discutida, y Hume lo retoma por boca de Filón en los Diálogos sobre la religión natural (publicados en 1779). Agustín concibe el mal no como sustancia sino como privación del bien y atribuye el mal moral al mal uso del libre albedrío. Leibniz sostiene que, entre los mundos posibles, Dios creó el mejor, y distingue el mal metafísico (la limitación de las criaturas), el físico (el sufrimiento) y el moral (el pecado). La tesis fue satirizada por Voltaire en Cándido (1759), escrito tras el terremoto de Lisboa (1755). Kant, en el ensayo Sobre el fracaso de todos los ensayos filosóficos en la teodicea (1791), niega que la razón especulativa pueda llevar a término tal empresa. En la filosofía analítica de la religión, Alvin Plantinga (God, Freedom, and Evil, 1974) formula la “defensa del libre albedrío”, que pretende solo mostrar la compatibilidad lógica entre Dios y el mal, sin explicar por qué Dios lo permite. Véanse Leibniz, Agustín de Hipona, Voltaire, Hume y teísmo.
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