Telos (del griego τέλος) — “fin”, “finalidad”, “término” o “completitud”: aquello en vista de lo cual algo existe, se desarrolla o actúa. El término no nombra tanto un punto final en el tiempo cuanto la realización plena de la naturaleza de una cosa, el estado en que esta alcanza su perfección propia. Es uno de los conceptos centrales de la filosofía de Aristóteles, para quien el telos corresponde a la causa final, una de las cuatro causas que explican por qué algo es como es. Comprender una cosa, desde esta perspectiva, exige saber hacia qué tiende: la semilla tiende a convertirse en árbol, y el ojo existe en vista de la visión. La explicación por fines recibe el nombre de teleología. En el campo de la ética, Aristóteles sostiene que cada ser tiene una función propia (ergon) y que el telos del ser humano es la eudaimonia — la vida plenamente realizada conforme a la razón y a la virtud. Se distingue aquí el telos de la mera causa eficiente, que da cuenta de aquello que pone algo en movimiento, y no de aquello en vista de lo cual el movimiento ocurre. En la modernidad, Kant cuestiona que la naturaleza pueda explicarse teleológicamente en sentido estricto, pues ello supondría atribuirle intención; admite, sin embargo, la teleología como principio regulativo, útil para pensar los organismos vivos como si estuvieran ordenados a fines. El darwinismo, en cambio, prescinde de toda finalidad intrínseca y sustituye el telos por variación y selección natural. El concepto sigue siendo decisivo en los debates sobre finalidad, función y sentido en la naturaleza y en la acción humana.


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