Teísmo (del griego theós, “dios”) — Creencia en la existencia de un Dios personal, creador y sustentador del mundo, trascendente a él y activo en él. El término se asocia a Ralph Cudworth, que lo emplea en El verdadero sistema intelectual del universo (1678) para designar la posición opuesta al ateísmo. En su sentido filosófico corriente, el teísmo clásico atribuye a Dios atributos como omnipotencia, omnisciencia, perfecta bondad, eternidad y simplicidad, y admite que se relaciona con la creación mediante la providencia y, en las religiones reveladas, la revelación. Es la concepción de Dios común a las grandes tradiciones monoteístas (judaísmo, cristianismo e islam). Contrasta con el deísmo, que niega la intervención divina; con el panteísmo, que identifica a Dios y mundo; y con el ateísmo, que niega la existencia de Dios. La tradición filosófica ha producido argumentos sobre la existencia de Dios: el argumento ontológico de Anselmo (Proslogion, c. 1077-1078), las Cinco Vías de Tomás de Aquino (Suma teológica, I, q. 2, a. 3), el argumento cosmológico y el del diseño, criticados por Hume y Kant. El teísmo afronta el desafío del problema del mal, tratado por la teodicea. En la filosofía analítica de la religión contemporánea, autores como Alvin Plantinga y Richard Swinburne (La existencia de Dios, 1979) defienden versiones sofisticadas del teísmo, y Plantinga sostiene que la creencia en Dios puede ser racionalmente “básica”, sin depender de pruebas. Véanse Tomás de Aquino, Anselmo de Canterbury, Hume y Kant.
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