Sustancia — Aquello que existe por sí mismo, sin depender de otra cosa para subsistir, y que sirve de soporte a los atributos o cualidades que de él se predican. El término latino substantia significa literalmente “lo que está debajo”, y traduce el griego ousía de Aristóteles, a veces asociado al hypokeímenon, el “sustrato” que permanece a través de los cambios. En las Categorías, Aristóteles distingue la sustancia primera — el individuo concreto, como este hombre llamado Sócrates — de la sustancia segunda, que es la especie o el género (hombre, animal) bajo los cuales se clasifica el individuo. La sustancia primera es el sujeto último de toda predicación: de ella se dicen cualidades, cantidades y relaciones, pero ella no se dice de ningún otro sujeto. En la modernidad, el concepto se despliega en direcciones divergentes. Descartes admite tres sustancias: Dios (infinita y auto-subsistente), la mente (res cogitans, cuya esencia es el pensamiento) y la materia (res extensa, cuya esencia es la extensión). Spinoza, llevando al límite la definición de sustancia como aquello que existe en sí y se concibe por sí, concluye que solo puede haber una única sustancia infinita — Dios o Naturaleza (Deus sive Natura) — de la que todo lo demás es solo modo o afección. Leibniz, en cambio, multiplica las sustancias en infinitas mónadas, unidades simples, inmateriales y sin partes. El concepto se articula estrechamente con el de accidente (la cualidad que no subsiste por sí) y con el de esencia (aquello que hace que la cosa sea lo que es).
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