Solipsismo — Del latín solus (solo) unido a ipse (mismo), el término nombra la posición epistemológica extrema según la cual solo la propia mente y sus estados pueden conocerse con certeza, mientras que la existencia del mundo exterior y de otras mentes resulta indemostrable. Suelen distinguirse tres grados de la doctrina: el solipsismo metafísico sostiene que solo yo existo; el solipsismo epistemológico admite que el mundo quizá exista, pero niega que yo pueda probarlo; y el solipsismo metodológico se limita a tomar los propios estados mentales como el único punto de partida seguro del conocimiento. La duda hiperbólica de Descartes roza esta posición al reducir toda certeza al cogito, aunque la supera recurriendo a Dios como garante de la realidad exterior. En la filosofía analítica la cuestión reaparece como el “problema de las otras mentes”: ¿cómo sé que otros seres poseen conciencia, si solo tengo acceso directo a la mía? El argumento por analogía, asociado a John Stuart Mill, y la inferencia a la mejor explicación figuran entre las respuestas clásicas. Wittgenstein, en las Investigaciones Filosóficas (a partir del §243), busca disolver el problema por la vía del lenguaje: el célebre “argumento del lenguaje privado” muestra que un lenguaje inteligible para un único hablante es imposible, pues el significado presupone reglas públicas y, por tanto, una comunidad. Husserl, en la Quinta Meditación Cartesiana, enfrenta lo que llama solipsismo trascendental mediante una teoría de la intersubjetividad, según la cual el otro yo se da por “apresentación” (Appräsentation). Los conceptos vecinos centrales son, así, el problema de las otras mentes y la intersubjetividad.
← Glosario