Ser-para-la-muerte (Sein zum Tode) — Estructura existencial del Dasein en Martin Heidegger: la relación del ser humano con su propia muerte como posibilidad más propia, que lo individualiza. En Ser y tiempo (1927), el análisis ocupa la Sección Segunda, cap. 1 (§§46–53). Heidegger distingue morir (Sterben), vivido por el Dasein, de perecer (Verenden), propio de los vivientes, y de fallecer (Ableben), el fin biológico considerado desde fuera (§49). La muerte no es un acontecimiento futuro entre otros, sino una posibilidad siempre inminente, que los §§50–52 caracterizan como la más propia, irrespectiva, insuperable, cierta e indeterminada en cuanto al cuándo. Nadie puede morir por otro (§47). En la cotidianidad el Dasein la encubre en el “uno” (das Man): “se muere” es una muerte que nadie es (§51), y la angustia revela lo que ese encubrimiento evita. El ser-para-la-muerte auténtico no consiste en pensar en el final ni en desearlo, sino en la anticipación (Vorlaufen, §53): asumir la finitud como posibilidad, lo que abre el poder-ser-sí-mismo y la “resolución precursora” (Entschlossenheit, §§60 y 62), y funda, en la Sección Segunda, la temporalidad del Dasein. Críticas: Jean-Paul Sartre, en El ser y la nada (1943), niega que la muerte dé sentido a la vida o individualice, y la ve como un hecho que deshace proyectos; Emmanuel Levinas, en Dios, la muerte y el tiempo (curso de 1975–1976), desplaza la primacía de la muerte propia hacia la muerte del otro. También se objeta que el análisis heideggeriano de una muerte “propia” encaja mal con las experiencias concretas del duelo. Véanse existencialismo, ser y el artículo Heidegger: ser y tiempo, Dasein y la pregunta por el ser.


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