Phronesis (φρόνησις) — “Prudencia” o “sabiduría práctica”, virtud intelectual que permite deliberar bien sobre lo que es bueno y conveniente para el ser humano, no en general, sino en cada situación particular. El término griego deriva de phronein, “pensar” o “tener discernimiento”. Aristóteles es el pensador decisivo aquí: en la Ética a Nicómaco (libro VI) distingue la phronesis de las demás virtudes del pensamiento. Difiere de la sophia (sabiduría teórica), que se ocupa de lo necesario y eterno y culmina en la contemplación; difiere también de la technē (el saber-hacer técnico, ligado a la producción) y de la epistēmē (el conocimiento demostrativo de lo universal). La phronesis, en cambio, versa sobre lo contingente y lo cambiante — sobre aquello que puede ser de otro modo y depende de la acción humana. Su dominio no es el cálculo abstracto, sino la percepción de lo que la ocasión exige: es el saber que reconoce, en el caso concreto, qué conducta alcanza el justo medio (mesotēs) entre el exceso y el defecto. Por eso es inseparable de la virtud moral: el hombre prudente (phronimos) es aquel cuyo buen carácter y buen juicio se refuerzan mutuamente, a diferencia del mero astuto, hábil en los medios pero indiferente a los fines. Ejemplo: saber cuándo, con quién y en qué grado es correcto encolerizarse exige prudencia, no una regla fija. En el siglo XX, Gadamer recupera la phronesis como modelo de la comprensión hermenéutica — la aplicación de lo comprendido a una situación concreta, y no su mera repetición.


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