Philia (φιλία) — Amistad, afecto y benevolencia recíprocos. Derivada del verbo philein (“amar”, “estimar”), la palabra griega es más amplia que la “amistad” actual: abarca el vínculo entre amigos, pero también el lazo familiar y lo que une a los ciudadanos. Platón dedica a la cuestión el Lisis, diálogo que termina en aporía. Aristóteles le consagra dos de los diez libros de la Ética a Nicómaco (VIII y IX), considerándola “una virtud o algo acompañado de virtud” y necesaria para la vida. Distingue tres especies según el motivo: la amistad por utilidad, la amistad por placer y la amistad perfecta entre personas buenas, que quieren el bien del otro por el otro mismo (VIII, 3, 1156a–b). Solo esta última es estable, pues se funda en el carácter y no en ventajas pasajeras. El amigo es, para él, “otro yo” (allos autos, IX, 4 y 9), y la philia política, la concordia entre los ciudadanos, sostiene la ciudad (VIII, 1, 1155a). Epicuro hizo de la amistad uno de los mayores bienes para la vida feliz, y Cicerón escribió De amicitia (c. 44 a. C.). En la tradición cristiana, Tomás de Aquino, en la Suma teológica (II-II, q. 23, a. 1), define la caridad (caritas) como cierta amistad del hombre con Dios. Empédocles ya había usado philia como fuerza cósmica de unión, opuesta a la discordia. Véanse también eudaimonia, arete, eros y agape; Aristóteles, Epicuro, Cicerón y Tomás de Aquino.
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