Performativo — En la filosofía del lenguaje, un enunciado performativo (performative utterance) no describe un estado de cosas ni expresa un contenido proposicional verdadero o falso — realiza una acción al ser proferido en circunstancias apropiadas. El concepto fue introducido y sistematizado por John Langshaw Austin en How to Do Things with Words (obra póstuma, editada por J.O. Urmson, 1962, basada en conferencias dictadas en la Universidad de Harvard en 1955).
Austin: Performativos y Constativos
Austin partió de una distinción inicial entre dos tipos de enunciados. Los constativos (constative utterances) describen hechos y pueden ser evaluados como verdaderos o falsos: “La nieve es blanca.” Los performativos realizan acciones: “Te prometo que vendré.” “Bautizo este barco Mary.” “Declaro abierta la sesión.” Al decir “te prometo”, no estoy describiendo una promesa — estoy haciendo una promesa. La presencia del verbo performativo en primera persona del singular del presente de indicativo en voz activa es un indicador gramatical típico.
Los performativos pueden ser exitosos (happy, “felices”) o fallidos (unhappy, “infelices”). Austin enumera condiciones de felicidad: debe existir un procedimiento convencional aceptado (bautismo, matrimonio, promesa); las personas y circunstancias deben ser las correctas; el procedimiento debe ejecutarse completa y correctamente; y los participantes deben tener las intenciones y actitudes requeridas. Un juez que condena a alguien sin jurisdicción, por ejemplo, practica un acto nulo (void), no un performativo exitoso.
Austin abandona posteriormente la distinción constativo/performativo y desarrolla una teoría más general: la teoría de los actos de habla (speech acts). Todo proferimiento implica tres dimensiones: (a) el acto locucionario — el acto de decir algo con sentido y referencia; (b) el acto ilocucionario — lo que se hace al decirlo (prometer, ordenar, preguntar, declarar, bautizar); y (c) el acto perlocucionario — el efecto producido por el decir en el oyente (convencer, intimidar, etc.). La fuerza ilocucionaria es el núcleo de la teoría austiniana.
Searle y la Sistematización de los Actos de Habla
John Searle, en Speech Acts (1969) y Expression and Meaning (1979), sistematizó y reformuló la teoría de Austin. Searle propone una taxonomía de los actos ilocucionarios en cinco categorías: asertivos (afirmar, describir), directivos (ordenar, pedir), comisivos (prometer, contratar), expresivos (agradecer, disculparse) y declarativos (despedir, nombrar, declarar la guerra). Para Searle, los actos de habla están regidos por reglas constitutivas — reglas que no solo regulan un comportamiento preexistente, sino que constituyen el propio acto (como las reglas del ajedrez constituyen el juego, en lugar de simplemente regular una actividad que existiría sin ellas).
Butler: Performatividad de Género
Judith Butler, en Gender Trouble (1990) y Bodies That Matter (1993), extiende y transforma radicalmente el concepto de performatividad más allá del lenguaje. Para Butler, el género no es una identidad estable que existe previamente a sus expresiones — es performado: constituido por una repetición estilizada de actos corporales, gestos, movimientos y discursos que, con el tiempo, producen la apariencia de una sustancia, de una “identidad de género” natural. El género no es lo que alguien es (una esencia) sino lo que alguien hace (una actuación repetida).
Butler es explícita al distinguir su concepción de la de Austin: no se trata de un acto de habla singular e intencional, sino de una citacionalidad — una repetición de normas preexistentes. La performatividad de género no es elección libre, sino reiteración forzada de normas cuyo efecto es producir el sujeto que parece expresar. Esta concepción ha tenido un enorme impacto en los estudios de género, la teoría queer y la filosofía feminista.
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