Noúmeno — En la filosofía de Immanuel Kant, el noúmeno es el objeto tal como sería en sí mismo, con independencia de cómo aparece a la sensibilidad humana. El término proviene del griego nooúmenon — «aquello que es pensado» —, participio del verbo noein (pensar, aprehender por la razón), y se opone directamente al fenómeno, que designa la cosa en tanto aparece a la experiencia, conformada por las formas de la sensibilidad (espacio y tiempo) y por las categorías del entendimiento. Esta distinción es central en la Crítica de la razón pura (1781): según Kant, solo conocemos los fenómenos, es decir, los objetos tal como se nos dan en la intuición sensible, jamás las cosas como son en sí mismas, lo que él llama cosa en sí (en alemán, Ding an sich). Kant distingue además un sentido negativo y un sentido positivo del noúmeno. En el sentido negativo, es un concepto-límite: marca la frontera del conocimiento humano e indica que algo debe existir como fundamento de las apariencias, aunque no podamos conocerlo. En el sentido positivo, sería un objeto accesible a una supuesta intuición puramente intelectual — facultad que, para Kant, los seres humanos no poseen; por ello ese uso positivo es, en rigor, ilegítimo. Considérese, por ejemplo, una rosa: percibimos su color, su aroma y su forma, pero todo ello pertenece al modo en que ella nos afecta; lo que la rosa sea más allá de esa aparición permanece, en principio, inaccesible. El noúmeno se articula así con los conceptos de fenómeno y de cosa en sí, y constituye el núcleo del idealismo trascendental kantiano.
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