Nominalismo (del latín nomen, nombre) — Posición filosófica en el debate sobre los universales: términos generales como “humanidad”, “rojez” o “triángulo”, ¿se refieren a entidades reales e independientes, o son meros nombres? El nominalismo responde que los universales no tienen existencia real fuera de la mente o el lenguaje — existen solo individuos concretos y particulares.

El problema de los universales es uno de los más antiguos y persistentes de la historia de la filosofía, con raíces en la distinción aristotélica entre sustancia individual y forma, y en la discusión platónica sobre las Ideas. La versión medieval del debate tiene como punto de partida la Isagoge (Introducción) de Porfirio a las Categorías de Aristóteles, donde plantea — y deliberadamente no responde — tres preguntas: ¿los géneros y especies existen en sí mismos o solo en el pensamiento? Si existen, ¿son corpóreos o incorpóreos? ¿Existen separados de las cosas sensibles o en ellas? Boecio transmitió estas cuestiones a la Edad Media latina, donde dieron origen a la controversia de los universales.

Se delinearon tres posiciones. El Realismo (también llamado Realismo de los Universales, para distinguirlo del uso moderno) sostiene que los universales tienen existencia real: ya sea fuera de las cosas y antes de ellas (ante rem — posición platónica), ya sea en las propias cosas (in re — posición aristotélica o realismo moderado de Tomás de Aquino). El Nominalismo extremo (asociado a Roscelino de Compiègne, c. 1050–c. 1120) niega toda realidad a los universales — son flatus vocis, “soplo de voz”, simples sonidos. El Conceptualismo (posición intermedia, asociada a Pedro Abelardo, c. 1079–1142, y posteriormente a Guillermo de Ockham, c. 1285–1347/49) sostiene que los universales existen como conceptos o representaciones mentales — tienen realidad psicológica, no extramental.

Guillermo de Ockham es el nominalista medieval más sistemático e influyente. Para Ockham, los universales son términos (signos) que se predican de muchos individuos — tienen una función semiótica sin suponer entidades abstractas. La regla metodológica conocida como “Navaja de Ockham” — “no multiplicar entidades más allá de lo necesario” (entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem) — es asociada a Ockham por la tradición, aunque la formulación exacta es un resumen posterior y no una cita literal de sus textos. Su función es orientar la parsimonia ontológica: si una teoría no necesita entidades abstractas para ser verdadera, no debemos postularlas.

En la filosofía moderna y contemporánea el debate continúa reformulado. Thomas Hobbes sostiene que los universales son nombres impuestos por convención. En el siglo XX, W.V.O. Quine propone que el compromiso ontológico de una teoría se mide por las variables sobre las que cuantifica: afirmar la existencia de x es cuantificar sobre x. La teoría matemática de los números, por ejemplo, aparentemente cuantifica sobre objetos abstractos — pero el nominalista busca paráfrasis que eliminen este compromiso. La teoría de los tropos es una propuesta nominalista contemporánea: en lugar de universales, postula tropos (instancias particulares de propiedades) — la rojez de esta manzana es una entidad particular, distinta de la rojez de aquella otra, aunque similares. Los tropos son particulares; la semejanza no exige universal.

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