Nominalismo (del latín nomen, nombre) — Posición filosófica en el debate sobre los universales según la cual términos generales como “humanidad”, “rojez” o “triángulo” no designan entidades reales e independientes: lo que existe son solo individuos concretos y particulares, y los universales son meros nombres o conceptos mentales. El nominalismo es una de las tres respuestas clásicas al problema de los universales, cuestión que recorre toda la historia de la filosofía desde Platón y Aristóteles. Su formulación medieval parte de la Isagoge de Porfirio, introducción a las Categorías de Aristóteles, que planteó — sin responder — si los géneros y especies existen en sí mismos o solo en el pensamiento; transmitidas por Boecio, esas preguntas dieron origen a la célebre controversia de los universales. Frente al realismo, que atribuye a los universales existencia real (antes de las cosas, en Platón; en ellas, en Aristóteles y en el realismo moderado de Tomás de Aquino), el nominalismo extremo de Roscelino de Compiègne reduce el universal a flatus vocis, mero “soplo de voz”. El conceptualismo, posición intermedia asociada a Pedro Abelardo, sostiene que los universales existen como conceptos en la mente, pero no fuera de ella. El nominalista medieval más influyente es Guillermo de Ockham, para quien los universales son solo signos predicables de muchos individuos; a él la tradición asocia la “Navaja de Ockham”, principio de parsimonia ontológica. La fórmula latina más citada — entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem, “no multiplicar entidades más allá de lo necesario” — es, en realidad, una atribución tardía: fue acuñada por el franciscano John Punch en 1639, más de tres siglos después de la muerte de Ockham. Las formulaciones auténticas de Ockham son pluralitas non est ponenda sine necessitate (“la pluralidad no debe ser postulada sin necesidad”) y frustra fit per plura quod potest fieri per pauciora (“es inútil hacer con más lo que puede hacerse con menos”). En concreto: no hay una “rojez” subsistente, sino solo cosas rojas que llamamos con el mismo nombre. El debate persiste en la filosofía contemporánea, por ejemplo en la teoría de los tropos, que sustituye los universales por instancias particulares de propiedades.
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