Nihilismo — Del latín nihil (“nada”), el nihilismo es la posición que niega la existencia de valores, verdades o sentidos objetivos: nada posee un fundamento último, y las creencias que parecían absolutas resultan infundadas. El término ya circulaba a comienzos del siglo XIX —Friedrich Jacobi lo empleó para criticar el idealismo trascendental—, pero fue popularizado en la literatura por Iván Turguénev en la novela Padres e hijos (1862), cuyo personaje Bazárov encarna el rechazo escéptico de toda autoridad y tradición. Fue, sin embargo, Friedrich Nietzsche quien dio al concepto su mayor densidad filosófica, al diagnosticar el nihilismo como la consecuencia inevitable de la “muerte de Dios”: el colapso de los fundamentos metafísicos y morales (Dios, la verdad absoluta, los valores supremos) que sostenían la civilización occidental. Nietzsche distingue dos formas de esta experiencia. El nihilismo pasivo es la resignación, el pesimismo y el cansancio ante un mundo que ha perdido su sentido, una caída de la energía vital. El nihilismo activo, en cambio, es una fuerza de destrucción creativa: derriba los ídolos agotados para abrir espacio a algo nuevo. La superación del nihilismo, para Nietzsche, no consiste en restaurar los antiguos valores, sino en crear valores a partir de la vida misma, tarea asociada a las figuras del superhombre (Übermensch) y de la voluntad de poder. El problema atraviesa el existencialismo posterior, sobre todo en la reflexión sobre el absurdo y en la búsqueda de un sentido sin garantías metafísicas.
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