Mónada (monade, del griego monás, “unidad”) — En Leibniz, sustancia simple, sin partes, que constituye el elemento último y verdaderamente real de las cosas compuestas. El término procede del griego monás, “unidad”, usado por los pitagóricos y retomado en el Renacimiento por Giordano Bruno (De monade, 1591). En la Monadología (redactada en 1714 y publicada por primera vez en 1720, en traducción alemana), Leibniz argumenta que, si hay compuestos, debe haber simples; las mónadas, al carecer de partes, no tienen extensión, figura ni divisibilidad, y solo pueden comenzar por creación y acabar por aniquilación. “No tienen ventanas” (§ 7): nada entra en ellas ni sale de ellas, de modo que no interactúan causalmente. Cada mónada está, sin embargo, dotada de percepción, que expresa el universo entero desde su punto de vista, y de apetición, la tendencia que la lleva de una percepción a otra (§§ 14-15). La concordancia entre las mónadas, y entre alma y cuerpo, se explica por la armonía preestablecida instituida por Dios, la mónada suprema o primitiva (§ 47). La doctrina responde al dualismo cartesiano, que Leibniz juzga incapaz de explicar la unidad de las sustancias, y al monismo de Spinoza, al que opone una pluralidad de sustancias individuales. Es también una teoría de que la realidad última no es material: los cuerpos son fenómenos bien fundados en las mónadas. Véanse Leibniz, Giordano Bruno, Spinoza, Descartes y sustancia.


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