Metafísica — Literalmente “lo que viene después de la física”: el título tà metà tà physiká fue dado por Andrónico de Rodas, editor de Aristóteles en el siglo I a.C., a los tratados dispuestos tras los escritos sobre la naturaleza (la Física). El propio Aristóteles llamaba a esta investigación “filosofía primera” (prṓtē philosophía) y la definía como el estudio del “ser en cuanto ser” (tò òn hêi ón) — esto es, de aquello que vale para todo lo que existe, y no solo para una región particular de lo real, además de las causas primeras y de los principios más fundamentales. La metafísica investiga preguntas como: ¿qué existe verdaderamente? ¿Qué es la sustancia (ousía)? ¿Qué son el tiempo, el espacio y la causalidad? ¿Hay un ser necesario o un primer motor? En la tradición moderna, Christian Wolff sistematizó el campo distinguiendo la metaphysica generalis (la ontología, ciencia del ente en general) de la metaphysica specialis (cosmología, psicología racional y teología natural). En la Crítica de la Razón Pura, Kant denuncia la metafísica dogmática: la razón pura, al intentar conocer lo que trasciende toda experiencia posible — el alma, el mundo como totalidad, Dios —, cae en ilusiones y antinomias. En el siglo XX, Heidegger propone una “destrucción” (Destruktion) de la historia de la metafísica para reabrir la pregunta olvidada del sentido del ser. Conceptos estrechamente ligados son la ontología (el estudio del ser y de los modos de existir) y la noción de sustancia.
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