Katharsis (κάθαρσις) — “purificación” o “purgación”. El término griego deriva del verbo kathaírein, “limpiar”, y arrastra desde el origen un doble registro: el médico, en el que designa la evacuación de humores nocivos del cuerpo (vocabulario corriente en el Corpus hipocrático), y el religioso-ritual, en el que nombra la purificación que vuelve al fiel apto para el culto. La filosofía pitagórica y la platónica desplazan el concepto hacia el alma: filosofar es purificarla de las pasiones y del cuerpo, separándola de lo sensible para volverla hacia lo inteligible, tema que Platón desarrolla en el Fedón. El uso más célebre, sin embargo, es el de Aristóteles en la Poética, al definir la tragedia: imitando acciones que despiertan éleos (piedad) y phóbos (terror), realiza la katharsis de esas emociones en el espectador. El sentido exacto de esa frase es uno de los enigmas más debatidos de la estética. Las lecturas principales la entienden como descarga o purgación emocional, en analogía con el modelo médico (interpretación de Jacob Bernays, 1857); como clarificación cognitiva y moral de las emociones, que aprenderíamos a sentir en las circunstancias adecuadas (Martha Nussbaum); o como aprendizaje ético-pedagógico que refina el carácter mediante la compasión (línea asociada a Lessing). El ejemplo paradigmático es el del espectador de Edipo Rey, que, conmovido por la caída del héroe, ve sus propias emociones ordenadas y aliviadas. A finales del siglo XIX, Freud (con Breuer) retoma la noción en la catarsis terapéutica del psicoanálisis — método desarrollado a partir del caso de Anna O. (1880) y sistematizado en los Estudios sobre la histeria (1895). La katharsis dialoga así con la mímesis trágica y con el equilibrio de las pasiones buscado por la ética aristotélica.


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