Juicio — Acto mental de afirmar o negar algo acerca de algo, enlazando un sujeto con un predicado de modo que el resultado pueda ser verdadero o falso: «El cielo es azul»; «Sócrates es mortal.» El término procede del latín iudicium (de iudex, «juez») y remite originalmente al gesto de discernir y decidir. Se distingue de la mera aprehensión de un concepto aislado, que nada afirma y, por tanto, no es ni verdadera ni falsa; el juicio es, clásicamente, el lugar propio de la verdad. Aristóteles, en el tratado Sobre la interpretación, analiza el juicio como apóphansis — el discurso declarativo que une o separa nombres y verbos y es susceptible de ser verdadero o falso. En la modernidad, Kant convierte el juicio en el eje de su teoría del conocimiento: en la Crítica de la razón pura distingue los juicios analíticos, en los que el predicado ya está contenido en el concepto del sujeto («El soltero es no casado»), de los sintéticos, en los que el predicado añade información nueva («Todos los cuerpos tienen peso»); y cruza esa división con la oposición entre a priori (independiente de la experiencia) y a posteriori (derivado de ella). La gran cuestión kantiana es cómo son posibles los juicios sintéticos a priori, que fundamentarían la matemática y la física. Kant dedica además la tercera Crítica, la Crítica de la facultad de juzgar, a la facultad del juicio (Urteilskraft) — el poder de pensar lo particular bajo lo universal —, examinando el juicio estético (lo bello) y el juicio teleológico (la finalidad en la naturaleza). El juicio se articula así con nociones vecinas como proposición, concepto y razonamiento.
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