Ironía socrática (εἰρωνεία, eirōneia) — Actitud característica de Sócrates en los diálogos de Platón: declararse ignorante, elogiar al interlocutor o subestimarse a sí mismo para inducirlo a exponer y examinar sus propias creencias. El término griego procede de eirōn, el disimulado, tipo que aparecía en la comedia ática. En el uso corriente la palabra tenía un tono peyorativo: en el libro I de la República (337a), Trasímaco acusa a Sócrates de su “habitual” eirōneia, es decir, de fingir que no tiene respuesta para evitar comprometerse. En el Banquete (216e), Alcibíades dice que Sócrates pasa la vida ironizando y burlándose de los demás. Aristóteles, en la Ética a Nicómaco (IV, 7, 1127a–b), trata la eirōneia como la actitud de quien se subestima, opuesta a la jactancia (alazoneia), y cita a Sócrates como ejemplo de una subestimación moderada. En latín, Cicerón y Quintiliano usaron ironia como figura retórica, y el sentido más favorable del término se debe en parte a esa tradición. En la filosofía moderna, Kierkegaard, en El concepto de ironía (1841), interpretó la ironía socrática como “negatividad infinita y absoluta”, una fuerza que disuelve las formas vigentes de vida sin erigir otra. Gregory Vlastos, en Socrates: Ironist and Moral Philosopher (1991), propuso una “ironía compleja”, en la que Sócrates dice algo que en un sentido quiere decir y en otro no. La ironía está ligada al método del elenchos y a la aporía; véanse también dialéctica y sofisma, además de Sócrates, Platón y Kierkegaard.


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