Intuición — Conocimiento directo e inmediato, alcanzado sin la mediación de inferencia, razonamiento discursivo o concepto. El término deriva del latín intueri (“mirar hacia”, “contemplar”), lo que sugiere una aprehensión por una especie de visión interior, en contraste con el conocimiento discursivo, que avanza por pasos y demostraciones. La escolástica medieval ya distinguía la cognitio intuitiva, dirigida al objeto presente y existente, de la cognitio abstractiva, que opera mediante conceptos generales. En Kant, la intuición (Anschauung) es el modo en que un objeto nos es dado: la intuición sensible, estructurada por las formas puras de espacio y tiempo, proporciona el material bruto que el entendimiento organiza luego mediante conceptos — de ahí la fórmula de que los pensamientos sin contenido son vacíos y las intuiciones sin conceptos son ciegas. Para Bergson, la intuición filosófica es una forma de simpatía por la cual el pensamiento penetra en el interior del objeto y capta la duración real (durée), el flujo cualitativo de la conciencia inaccesible al intelecto analítico, que solo descompone y mide. En la fenomenología de Husserl, a su vez, la intuición eidética aprehende esencias universales a partir de la variación imaginaria de ejemplares particulares, yendo más allá de la simple percepción sensible. Un ejemplo clásico es la evidencia inmediata de que dos puntos determinan una única recta, captada sin demostración. La intuición se opone así a la deducción y al razonamiento mediato, y se relaciona estrechamente con nociones como evidencia y aprehensión inmediata, ocupando un lugar central en los debates entre racionalismo, empirismo y fenomenología sobre los fundamentos del conocimiento.


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