Intencionalidad — Propiedad fundamental de la conciencia de estar siempre dirigida hacia un objeto: toda vivencia mental es conciencia de algo. El término procede del latín intendere, “tender hacia”, “apuntar a”, y fue recuperado de la filosofía escolástica medieval por Franz Brentano en Psicología desde un punto de vista empírico (1874). Brentano sostuvo que todo fenómeno psíquico se caracteriza por la “in-existencia intencional” de un objeto —una referencia inmanente a un contenido— e hizo de esta propiedad el criterio que distingue lo mental de lo físico: ningún estado mental está vacío; la percepción, el deseo, el juicio, la imaginación o la memoria son siempre actos de o sobre algo. Edmund Husserl, discípulo de Brentano, hizo de la intencionalidad el eje central de la fenomenología, analizando la correlación entre el acto que apunta (noesis) y el sentido apuntado (noema); percibir, recordar y querer son modos distintos en que la conciencia se relaciona con sus objetos. Así, “no hay conciencia sin objeto” se convierte en el punto de partida de la descripción fenomenológica. Martin Heidegger desplaza esta tesis: el Dasein humano se encuentra siempre ya “en el mundo” y entre las cosas, de modo que no hay una esfera interior cerrada que necesite un “puente” para alcanzar el exterior. La intencionalidad está estrechamente ligada a las nociones de conciencia y de fenómeno, y sigue siendo un concepto decisivo tanto en la fenomenología como en la filosofía de la mente contemporánea.


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