Imperativo Categórico — Principio supremo de la moral de Immanuel Kant, expuesto en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785). Un imperativo es una fórmula que expresa un deber; es categórico (del latín categoricus, “afirmativo, incondicional”) cuando ordena una acción como objetivamente necesaria en sí misma, sin subordinarla a ningún fin ni deseo. En esto se distingue del imperativo hipotético, que prescribe un medio para un fin particular (“si quieres ser respetado, cumple las promesas”) y solo obliga a quien persigue ese fin. El imperativo categórico, en cambio, vale para todo ser racional como tal. Kant lo presenta en formulaciones que considera equivalentes. La de la ley universal manda: “Actúa solo según la máxima por la que puedas querer al mismo tiempo que se convierta en ley universal” — el criterio es si la máxima (la regla subjetiva de la acción) podría universalizarse sin contradicción. La de la humanidad ordena tratar a la humanidad, en la propia persona y en la de cualquier otro, “siempre al mismo tiempo como fin y nunca solamente como medio”, reconociendo la dignidad de la persona racional. La tercera, la del reino de los fines, piensa a cada ser racional como legislador de leyes morales universales. Un ejemplo clásico es la promesa falsa: quien promete sin intención de cumplir no puede querer que mentir se vuelva ley universal, pues ello destruiría la institución misma de la promesa. El imperativo se vincula así con la autonomía de la voluntad, que se da a sí misma la ley moral, frente a la heteronomía, en la que la voluntad es determinada por inclinaciones o autoridades externas.
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