Hedonismo — Doctrina ética según la cual el placer es el bien supremo y el único fin genuino de la acción humana. El término deriva del griego hēdonē (“placer”). Conviene distinguir el hedonismo psicológico —tesis descriptiva de que de hecho siempre buscamos el placer y evitamos el dolor— del hedonismo ético o normativo, que prescribe el placer como aquello que debemos buscar por ser el único bien intrínseco. La primera escuela hedonista fue la cirenaica, fundada por Aristipo de Cirene, que identificaba el bien con el placer inmediato, sensible y corporal del instante presente. Epicuro, aunque también hedonista, dio al placer un sentido más sobrio: distinguió los placeres cinéticos (activos e intensos, ligados a la satisfacción de un deseo) de los catastemáticos (estables, definidos por la ausencia de dolor en el cuerpo —aponia— y de perturbación en el alma —ataraxia—), privilegiando estos últimos como la verdadera felicidad. En la modernidad, el hedonismo reaparece en el utilitarismo de Jeremy Bentham, que convierte el placer y el dolor en el fundamento de un “cálculo” moral capaz de medir la cantidad de felicidad producida por cada acción; John Stuart Mill refinó esta posición al introducir una distinción cualitativa entre placeres “superiores” (intelectuales y morales) e “inferiores” (sensibles), rehusándose a reducir el valor del placer a la mera intensidad. Un problema clásico asociado a la doctrina es la llamada paradoja del hedonismo: quien persigue el placer directamente tiende a no alcanzarlo, mientras que este suele surgir como subproducto de otras actividades. El hedonismo se opone al ascetismo y se relaciona estrechamente con el concepto de eudaimonía (felicidad o florecimiento) discutido por la ética griega.


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