Gnosis (γνῶσις) — Término griego que significa “conocimiento”, empleado en sentido filosófico-religioso para designar no el saber discursivo o demostrativo, sino un conocimiento espiritual, íntimo y revelado, capaz de liberar el alma. La palabra deriva del verbo gignṓskein (“conocer”) y cobró relieve en las corrientes gnósticas que florecieron en los primeros siglos de la era cristiana en torno a maestros como Valentín y Basílides. Para esos grupos, la gnosis es un saber salvífico: conocer el origen divino del alma, aprisionada en el mundo material, le permite reascender al pleroma, la plenitud divina de donde provino. El mundo sensible, según esta visión, no fue creado por el Dios supremo, sino por un demiurgo inferior e ignorante, lo que confiere al gnosticismo un marcado dualismo entre materia y espíritu, tinieblas y luz. La distinción decisiva es entre gnosis y fe (pistis): mientras la fe se adhiere a una doctrina recibida, la gnosis es experiencia directa y transformadora de lo divino, reservada a unos pocos elegidos (los “pneumáticos”). Los Padres de la Iglesia, como Ireneo de Lyon, combatieron estas sectas como heréticas; durante siglos se conoció el gnosticismo casi solo por esas refutaciones, hasta el descubrimiento, en 1945, de los códices coptos de Nag Hammadi, en Egipto, que revelaron textos gnósticos de primera mano. En el siglo XX, Hans Jonas, en La religión gnóstica, ofreció una interpretación filosófica influyente del fenómeno, mientras que Carl Gustav Jung reapropió el concepto para su psicología de los arquetipos y del inconsciente colectivo. Términos próximos incluyen pleroma y demiurgo.


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