Falsacionismo (también “falsacionismo popperiano” o “falsificacionismo”) — Tesis de Karl Popper según la cual la marca de la ciencia empírica es la falsabilidad: una teoría es científica si puede, en principio, ser refutada por la experiencia. El término deriva del latín falsus (“erróneo”) y facere (“hacer”). La posición se expuso en La lógica de la investigación científica (Logik der Forschung, 1934, con fecha de 1935 en la portada; versión inglesa de 1959), en especial en los §§4–6, y se popularizó en Conjeturas y refutaciones (1963). Popper parte del problema de la inducción, formulado por Hume (véase deducción e inducción): ningún número de observaciones confirmatorias prueba una ley universal, pero una sola observación contraria puede refutarla lógicamente. Esa asimetría fundamenta el criterio de demarcación entre ciencia y no ciencia. Teorías como la de Einstein, que arriesgan predicciones contrastables (como la desviación de la luz, observada en 1919), contrastan, según Popper, con el marxismo histórico, el psicoanálisis y la psicología de Adler, que pueden acomodar cualquier resultado. El avance científico sería un ciclo de conjeturas audaces e intentos de refutación; las teorías que resisten contrastaciones severas no quedan probadas, sino “corroboradas” (cap. X). Críticas centrales: la tesis de Duhem–Quine, según la cual las hipótesis no se contrastan aisladamente, de modo que la refutación siempre puede desviarse hacia hipótesis auxiliares (Duhem, 1906; Quine, 1951); Thomas Kuhn, en La estructura de las revoluciones científicas (1962), observa que los científicos no abandonan paradigmas ante cada anomalía; Imre Lakatos propuso un “falsacionismo sofisticado” de los programas de investigación (1970); Paul Feyerabend, en Contra el método (1975), niega que exista un método universal. Véanse empirismo, Thomas Kuhn, Imre Lakatos, Paul Feyerabend y el artículo Filosofía de la ciencia: Popper, Kuhn, falsación y paradigmas.
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