Ethos (ἦθος) — Carácter, modo habitual de ser; originalmente, la morada o el lugar acostumbrado de un ser vivo, y de ahí sus costumbres. El griego distingue ēthos (con eta, “carácter”) de ethos (con épsilon, ἔθος, “hábito”, “costumbre”), y Aristóteles aprovecha esa cercanía en la Ética a Nicómaco (II, 1, 1103a): la virtud ética (ēthikē) toma su nombre del hábito (ethos), pues se adquiere por la repetición de actos. De ahí proviene “ética” y, por el latín, “moral” (mores). La palabra figura en una sentencia de Heráclito (fr. B119 Diels-Kranz) que suele traducirse como “el carácter es para el hombre su daimōn”, y Heidegger, en la Carta sobre el humanismo (1946), la lee como la morada en que el ser humano habita. En la Retórica (I, 2, 1356a), Aristóteles presenta el ethos como uno de los tres medios de persuasión, junto al pathos (la emoción suscitada en el oyente) y el logos (el argumento): es la credibilidad que el orador construye mediante el discurso, por la prudencia, la virtud y la benevolencia que muestra. En el uso contemporáneo, ethos designa también el conjunto de valores, costumbres y actitudes que caracteriza a un grupo o a una cultura (el “ethos” científico, profesional o cívico). Véanse también ética, pathos, logos, arete y daimon; el pensador central es Aristóteles.
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