Estado de naturaleza (status naturalis) — Condición hipotética de los seres humanos anterior o ajena a toda autoridad política y a todo orden jurídico instituido, empleada por la filosofía política moderna como experimento mental para justificar (o cuestionar) la existencia del Estado. Por lo general no es un relato histórico, sino un recurso analítico: se pregunta qué quedaría a los individuos si se retirase el poder común y, a partir de la respuesta, se deduce la legitimidad del gobierno. En Hobbes (Leviatán, 1651, cap. 13), la igualdad natural de capacidades engendra rivalidad, desconfianza y deseo de gloria, y produce una guerra “de cada hombre contra cada hombre” en la que la vida sería “solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta”; solo un soberano capaz de imponer la paz permite salir de esa condición. En Locke (Segundo tratado sobre el gobierno civil, 1689, cap. 2), el estado de naturaleza es de libertad e igualdad regidas por una ley natural accesible a la razón, con derechos a la vida, la libertad y los bienes; sus “inconvenientes”, sobre todo la falta de un juez imparcial, motivan el gobierno civil. En Rousseau (Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres, 1755), el estado de naturaleza es una reconstrucción conjetural y no un hecho histórico, en la que el ser humano, movido por el amor de sí y la piedad, no conoce aún la propiedad ni la desigualdad institucionalizada. Las tres versiones conducen de modos distintos a la idea de contrato social. Véanse también Hobbes, Locke, Rousseau y ley natural.


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