Eros (ἔρως) — Amor-deseo, el anhelo de algo de lo que se carece. En la Teogonía de Hesíodo, Eros figura entre las potencias primordiales; en filosofía, su texto fundamental es el Banquete de Platón. Allí, tras el discurso de Aristófanes sobre los seres partidos que buscan la mitad perdida (189c–193d), Sócrates refiere la enseñanza de la sacerdotisa Diotima (201d–212c): Eros no es un dios bello y perfecto, sino un daimon, intermediario entre mortales e inmortales, hijo de Poros (el recurso) y de Penia (la pobreza) (203b–c). Como deseo de lo bello y lo bueno, busca poseerlos para siempre y por ello impulsa a la generación y a la inmortalidad. Diotima describe una escala del amor: de la belleza en un cuerpo a la belleza en todos los cuerpos, luego a las almas, las leyes y las ciencias, hasta la contemplación de la Belleza misma, única, inmutable y eterna (210a–212a). En el Fedro (244a–257b), el amor es una forma de locura divina que reaviva en el alma el recuerdo de las Formas. En la tradición posterior, el platonismo y el neoplatonismo, en Plotino, conservan la imagen del amor como ascenso. Teólogos como Anders Nygren, en Agape and Eros, tomaron el eros como tipo del amor adquisitivo y ascendente, en contraste con el agape cristiano. Freud, en Más allá del principio del placer (1920), llamó Eros a la pulsión de vida, que tiende a la unión y a la conservación. Véanse también belleza, bien, daimon y philia; Platón, Plotino y Freud.
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