Epoché (ἐποχή) — “suspensión del juicio”. El término griego epokhḗ significa literalmente “detención”, “parada”, “retención”, y designa el acto de abstenerse de asentir, es decir, de afirmar o negar la verdad de una proposición. En el escepticismo antiguo, sobre todo en la corriente pirrónica expuesta por Sexto Empírico, la epoché es el resultado de constatar que, para todo argumento, hay otro de fuerza igual y opuesta (isostheneia): incapaz de decidir entre tesis contrarias sobre la naturaleza de las cosas, el escéptico suspende el juicio. Esa suspensión no es una doctrina, sino una actitud, y de ella se sigue, según los pirrónicos, la ataraxia—la tranquilidad o ausencia de perturbación del alma, fin último del escepticismo. Veintitrés siglos después, Edmund Husserl retoma el concepto como pieza central de la fenomenología. En la epoché fenomenológica, descrita en Ideas relativas a una fenomenología pura (1913), el filósofo “pone el mundo entre paréntesis” (Einklammerung): no niega que el mundo exista, pero suspende la actitud natural, la creencia ingenua y habitual de que las cosas existen con independencia de nosotros. Neutralizada esa tesis de la existencia, la atención se vuelve hacia el modo en que los objetos se dan a la conciencia, abriendo el campo de la reducción fenomenológica y del estudio de la intencionalidad—la estructura por la cual toda conciencia es siempre conciencia de algo. En ambos usos, antiguo y moderno, la epoché es un gesto de retroceso: no se trata de negar, sino de poner fuera de circuito el juicio para ver mejor.


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