Episteme (ἐπιστήμη) — Conocimiento científico o saber verdadero y fundamentado, en oposición a la doxa (opinión) y la techne (habilidad práctica). El término griego epistēmē deriva del verbo epistasthai, “saber” o “comprender”, y designa no la creencia correcta por azar, sino el conocimiento que se sostiene en razones y da cuenta de sus propias causas. Para Platón, sobre todo en la República, la episteme es el conocimiento de las Ideas o Formas —eterno, inmutable y accesible solo a la razón—, mientras que la doxa permanece atada al mundo sensible y mutable; la célebre Línea Dividida y la alegoría de la caverna ilustran ese ascenso del opinar al saber. Aristóteles sistematiza la noción, sobre todo en los Segundos Analíticos: la episteme es demostrativa, deducida a partir de primeros principios verdaderos y necesarios, y versa sobre aquello que no podría ser de otro modo. En la Ética a Nicómaco la distingue como una de las virtudes intelectuales, separándola tanto de la techne (saber productivo) como de la phronesis (sabiduría práctica). Un ejemplo clásico es la geometría: no basta con saber que los ángulos de un triángulo suman dos rectos, hay que demostrarlo a partir de axiomas. En el siglo XX, Michel Foucault resignifica el término en Las palabras y las cosas (1966): la episteme pasa a designar el suelo histórico e implícito de saber que define, en cada época, lo que puede pensarse, decirse y tenerse por verdadero.
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