Empirismo — Corriente epistemológica que afirma que la experiencia sensible es la fuente, el criterio y el límite del conocimiento humano. El término procede del griego empeiría (“experiencia”), y la posición se opone al racionalismo, que admite ideas innatas y otorga a la razón un acceso a lo real independiente de los sentidos. Para el empirista, todo el contenido de la mente proviene, directa o indirectamente, de lo que los sentidos suministran: el conocimiento es, en este sentido, a posteriori. El empirismo clásico británico ofrece su formulación más influyente. En su Ensayo sobre el Entendimiento Humano, John Locke rechaza las ideas innatas y describe la mente como una tabula rasa, una hoja en blanco que la experiencia sensible y la reflexión interna van completando. George Berkeley radicaliza la tesis: las cosas materiales se reducen a haces de percepciones, pues “ser es ser percibido” (esse est percipi). David Hume lleva el programa a sus consecuencias escépticas al sostener que todas las ideas son copias debilitadas de impresiones sensibles, y que nuestra creencia en la causalidad no es una verdad racional, sino un hábito formado por la observación de conjunciones constantes. Un ejemplo concreto: la noción de “calor” no nace de un concepto puro, sino de la impresión repetida del fuego sobre la piel. En el siglo XX, el empirismo lógico (o positivismo lógico) del Círculo de Viena retomó el espíritu empirista al formular el principio de verificación, según el cual una proposición solo tiene sentido cognitivo si puede, en principio, verificarse mediante la experiencia — descartando como vacías las afirmaciones metafísicas.
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