Eidos (εἶδος) — término griego que significa “forma”, “aspecto” o “figura visible”, derivado del verbo idein (“ver”); designa aquello que se muestra de una cosa y, por extensión filosófica, su estructura inteligible o esencia. En Platón, eidos (a menudo intercambiable con idéa) nombra las Ideas o Formas: realidades eternas, inmutables y universales, separadas del mundo sensible, que constituyen el verdadero objeto del conocimiento. Los objetos particulares son meras copias que imitan (mimesis) y participan (methexis) de esas Formas — así, un caballo concreto y perecedero solo es lo que es por participar de la Forma única y perfecta de Caballo, captada no por los sentidos, sino por el intelecto. Aristóteles desplaza el concepto: para él el eidos no existe separado, sino que es la forma inmanente de cada cosa, el principio que organiza la materia (hyle) y la hace un ser determinado. En su doctrina hilemórfica, expuesta sobre todo en la Metafísica, toda sustancia sensible es un compuesto de forma y materia — el alma, por ejemplo, es el eidos del cuerpo vivo. Ya en la fenomenología de Husserl el término reaparece para nombrar la esencia captada por la intuición eidética (Wesensschau), alcanzada cuando, mediante la variación imaginativa, abstraemos los rasgos contingentes de un objeto hasta aprehender lo que en él es necesario e invariable. El eidos se articula, por tanto, con nociones vecinas como idéa, ousía (sustancia) y morphé (forma sensible).
← Glosario