Doxa (δόξα) — Opinión o creencia, opuesta al conocimiento verdadero (episteme). El término griego deriva del verbo dokein (“parecer”, “aparentar”) y designa, en la tradición filosófica, el modo de aprehensión propio de las cosas sensibles y mutables, marcado por la incertidumbre, la apariencia y la ausencia de fundamentación racional. En Parménides, el poema Sobre la Naturaleza contrapone la “vía de la verdad” (aletheia), accesible solo a la razón, a la “vía de la opinión” (doxa) de los mortales, que se fían de los sentidos y toman lo múltiple y lo mutable por real. Es en Platón, sin embargo, donde la noción adquiere su estructura conceptual: en la imagen de la línea dividida, en el libro VI de la República, la doxa abarca el dominio de lo sensible y se subdivide en eikasia (conjetura, conocimiento de imágenes y sombras) y pistis (creencia en los objetos sensibles), por oposición al saber de lo inteligible, que reúne dianoia y noesis y culmina en el conocimiento de las Ideas. La doxa puede ser verdadera por azar, pero, sin el “encadenamiento por una razón” (la aitias logismos del Menón), no constituye ciencia. Existe además el sentido retórico y sofístico: la doxa como opinión común o consenso de la mayoría, terreno de la persuasión que Sócrates somete a la prueba de la dialéctica. En la fenomenología, Husserl emplea Urdoxa (“creencia originaria”) para nombrar la tesis pre-reflexiva y espontánea por la que tomamos el mundo como existente. Conceptos directamente ligados a ella son episteme (el saber fundamentado al que se opone) y la opinión verdadera (orthe doxa), grado intermedio entre la ignorancia y el conocimiento.
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