Dialéctica (del griego dialektikê tékhne, “arte del diálogo”, derivado de dialégesthai, “conversar”, “discutir”) — método de pensamiento que progresa por confrontación de posiciones opuestas y que, en sus versiones modernas, designa también la estructura contradictoria y procesual de lo real mismo. En su origen es el arte de investigar la verdad mediante preguntas y respuestas: Sócrates la practica como élenchos, refutando al interlocutor para exponer la fragilidad de sus opiniones; Aristóteles, que atribuye a Zenón de Elea la invención de la dialéctica, la distingue del razonamiento demostrativo porque parte de premisas meramente plausibles (éndoxa) y no de principios necesarios. Platón eleva la dialéctica al método supremo del filósofo, aquel que conduce de las opiniones sensibles a las Ideas inteligibles. El giro decisivo llega con Hegel, sobre todo en la Ciencia de la lógica y en la Fenomenología del espíritu: la dialéctica deja de ser técnica de discusión y se convierte en el movimiento de lo real mismo, en el que cada determinación genera su propia contradicción y es superada por una figura más rica, a través de la negación determinada y la Aufhebung (superación que a la vez conserva y eleva). Así la contradicción pasa a ser el motor del desarrollo lógico e histórico. La célebre fórmula “tesis, antítesis, síntesis”, por cierto, fue difundida por Heinrich Moritz Chalybäus, no acuñada por Hegel. Marx, por último, afirma “invertir” la dialéctica hegeliana, haciéndola operar en la materialidad de la historia y de las relaciones económicas, no en el Espíritu — origen del materialismo dialéctico y del materialismo histórico.
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