Deducción / Inducción — Dos modos fundamentales de inferencia, distinguidos por la relación entre premisas y conclusión. En la deducción, la conclusión se sigue necesariamente de las premisas: si estas son verdaderas y la forma del argumento es válida, la conclusión no puede ser falsa. Este razonamiento no añade información nueva, sino que hace explícito lo que ya estaba contenido en las premisas, garantizando la transmisión de la verdad. Su modelo clásico es el silogismo, cuya teoría elaboró Aristóteles en los Analíticos primeros; un ejemplo es el modus ponens: “Si llueve, la calle se moja; llueve; luego, la calle se moja.” La geometría euclidiana y la lógica formal son dominios típicamente deductivos. La inducción, en cambio, parte de la observación de casos particulares hacia generalizaciones solo probables — de “todos los cisnes observados son blancos” se concluye, sin necesidad lógica, que “todos los cisnes son blancos”. Francis Bacon, en el Novum Organum (1620), defendió la inducción metódica como instrumento de una nueva ciencia de la naturaleza, frente al silogismo escolástico. David Hume, sin embargo, formuló el célebre problema de la inducción: ninguna cantidad de observaciones pasadas justifica lógicamente una conclusión universal sobre el futuro, pues ello presupone que la naturaleza permanece uniforme — algo que no puede probarse sin circularidad. En el siglo XX, Karl Popper respondió proponiendo el falsacionismo: la ciencia no confirma teorías por inducción, sino que avanza eliminando aquellas refutadas por la experiencia. Una tercera forma, la abducción (Peirce), infiere la mejor explicación para un fenómeno observado.


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