Deconstrucción — Estrategia filosófica elaborada por Jacques Derrida a partir de los años 1960 (De la gramatología, La escritura y la diferencia, 1967). El término traduce y desplaza la Destruktion (o Abbau) que Heidegger proponía para la historia de la ontología, pero no es un método en sentido cartesiano ni una destrucción nihilista: es una lectura que desmonta (dé-construire) las oposiciones binarias jerárquicas de la metafísica occidental — habla/escritura, presencia/ausencia, naturaleza/cultura, inteligible/sensible — mostrando que el término subordinado habita al dominante como condición de posibilidad. Derrida llama logocentrismo (y fonocentrismo) a esa tendencia de la tradición a privilegiar el habla viva, el sentido pleno y la “metafísica de la presencia”. El procedimiento opera en dos tiempos: (1) inversión — se revela que la jerarquía es arbitraria y que el término marginalizado es constitutivo; (2) desplazamiento — se introduce un “indecidible” (como différance, trace, pharmakon, supplément) que excede la lógica binaria. La différance (neografismo deliberado) designa el juego simultáneo de diferenciación y diferimiento que precede a toda presencia plena y a todo significado fijo; se vincula estrechamente con la noción de trace (huella), que marca la ausencia inscrita en todo signo. Derrida insiste en que la deconstrucción no es exterior a la metafísica — opera con y contra los textos, habitando sus márgenes. Recibida en los Estados Unidos por la llamada Escuela de Yale (Paul de Man, J. Hillis Miller), su influencia se extendió a la teoría literaria, al derecho (Derrida, Fuerza de Ley), a la arquitectura y a la teoría política.
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