Escepticismo — Actitud filosófica de duda sistemática acerca de la posibilidad de alcanzar un conocimiento cierto y justificado. El término procede del griego skeptesthai, “examinar” o “investigar”, de modo que el skeptikós es ante todo aquel que sigue indagando sin afirmar ni negar. En la Antigüedad, el escepticismo radical está representado por Pirrón de Elis y por el pirronismo, cuya exposición sistemática ha llegado hasta nosotros en los Esbozos pirrónicos de Sexto Empírico. El método consiste en oponer argumentos de igual fuerza sobre cualquier cuestión; ante esa equipolencia, el escéptico llega a la epoché (suspensión del juicio) y, a través de ella, a la ataraxia, la tranquilidad del alma liberada de la inquietud que generan las creencias dogmáticas. Distinto de este es el escepticismo académico, que se despliega en dos fases. En la Academia Media, Arcesilao radicalizó la herencia socrática al defender la suspensión integral del juicio (epoché) y, para orientar la acción sin dogmatismo, apeló a “lo razonable” (eúlogon). En la Nueva Academia, Carnéades fue más lejos: sin abandonar la epoché como ideal teórico, introdujo el concepto de tò pithanón (lo plausible o probable) como criterio práctico de acción, admitiendo grados de plausibilidad como guía suficiente para la vida. En la modernidad, Descartes convierte la duda escéptica en un recurso metódico: duda de todo cuanto puede ser puesto en cuestión —los sentidos, el mundo exterior, incluso las verdades matemáticas— hasta hallar una certeza indubitable, el cogito, “pienso, luego existo”. La duda deja así de ser un fin y se convierte en instrumento para fundamentar el conocimiento. El escepticismo sigue siendo tema central de la epistemología, sobre todo en los debates contemporáneos sobre la justificación de las creencias y sobre escenarios hipotéticos de error, como el del genio maligno. Se relaciona estrechamente con la epoché y con el problema del criterio de verdad.
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