Argumento ontológico — Argumento a priori a favor de la existencia de Dios que parte solo del concepto de Dios, sin recurrir a la experiencia. La formulación clásica es de Anselmo de Canterbury, en el Proslogion (c. 1077–1078, caps. 2–3): Dios es “aquello mayor que lo cual nada puede pensarse” (aliquid quo nihil maius cogitari possit); si ese ser existiera solo en el entendimiento, podría pensarse otro mayor, que existiera también en la realidad; luego existe necesariamente en la realidad. El monje Gaunilo, en En defensa del insensato, objetó que el mismo razonamiento probaría la existencia de una isla perfecta; Anselmo respondió que el argumento vale solo para el ser respecto del cual nada mayor es concebible. Tomás de Aquino rechazó el argumento (Suma teológica I, q. 2, a. 1), por suponer que conocemos la esencia divina. Descartes, en la Quinta meditación (1641), sostiene que la existencia pertenece a la esencia de un ser sumamente perfecto, como la suma de sus ángulos pertenece al triángulo. Leibniz juzgó el argumento incompleto mientras no se demuestre que tal ser es posible. En la Crítica de la razón pura (1781), Kant lo criticó afirmando que la existencia no es un predicado real que añada algo al concepto de una cosa; fue él quien dio al argumento el nombre de “ontológico”. En el siglo XX, la lógica modal renovó el tema: Alvin Plantinga (The Nature of Necessity, 1974) propuso una versión modal, y Kurt Gödel dejó una prueba formal, redactada hacia 1941 y publicada solo póstumamente (1987; Collected Works, vol. III, 1995). El debate involucra la relación entre esencia y existencia y la ontología.
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