Anamnesis (ἀνάμνησις) — Reminiscencia, recuerdo. Del griego anamimnēskein (“recordar”, “traer de nuevo a la memoria”). En la filosofía de Platón, la anamnesis es la tesis de que aprender es recordar: el alma, inmortal, contempló las Formas antes de unirse al cuerpo, y el conocimiento consiste en reavivar lo que ya poseía. La doctrina surge en el Menón como respuesta a la paradoja de la investigación (80d–e), según la cual no se puede buscar ni lo que se sabe ni lo que se ignora. Sócrates la ilustra (82b–85b) conduciendo, solo con preguntas, a un joven esclavo sin instrucción a la solución de un problema geométrico, el de duplicar el área de un cuadrado. En el Fedón (72e–77a), la anamnesis sirve de argumento a favor de la preexistencia y la inmortalidad del alma: las cosas sensibles iguales recuerdan la Igualdad en sí, que el alma solo puede haber conocido antes; en el Fedro (249b–c), el alma humana es capaz de conocer porque vio las realidades verdaderas. Aristóteles rechaza el innatismo platónico: en los Segundos analíticos (II, 19), el conocimiento nace de la percepción, la memoria y la experiencia, a partir de una capacidad (dynamis) que el alma ya posee. La noción reaparece en la tradición cristiana, en sentido litúrgico, como memorial de la Última Cena. En la modernidad, el debate sobre las ideas innatas, en Descartes y Leibniz, retoma la cuestión en otros términos. Véanse también eidos, alma, episteme y dialéctica; el pensador central es Platón, con Sócrates como personaje.


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