Agnosticismo (del griego a-, “sin”, y gnôsis, “conocimiento”) — Posición según la cual la existencia de Dios, o de lo divino y trascendente en general, no puede conocerse, por lo que se suspende el juicio. El término fue acuñado por Thomas Henry Huxley, biólogo y defensor de Darwin, en 1869, en el contexto de la Sociedad Metafísica de Londres. Huxley lo creó como etiqueta para su propia posición, en contraste con los “gnósticos” de la historia de la Iglesia, que pretendían poseer conocimiento de lo trascendente; el propio Huxley explicó el episodio en el ensayo Agnosticismo (1889), aunque existen relatos divergentes sobre las circunstancias exactas de su primera enunciación. Para Huxley, el agnosticismo no es un credo sino un principio de método: no afirmar como cierto lo que no puede sustentarse con evidencia. Se distingue del ateísmo, que niega la existencia de Dios, y del teísmo, que la afirma; en rigor, el agnosticismo concierne al conocimiento, y el teísmo y el ateísmo a la creencia, de modo que son categorías que se cruzan. Antecedentes de esta actitud aparecen en Protágoras, para quien, respecto de los dioses, no era posible saber si existen o no (fragmento DK 80 B4), en los escépticos antiguos (véase escepticismo), en Hume y, sobre todo, en Kant, que limita el conocimiento teórico a la experiencia posible. Herbert Spencer (Primeros principios, 1862) habla de lo “Incognoscible” como límite del saber. Bertrand Russell discute la relación entre ambas posiciones en el ensayo “¿Soy ateo o agnóstico?” (1947). No debe confundirse con la gnosis, en oposición a la cual Huxley formó la palabra. Véanse Protágoras, Hume, Kant y Russell.


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