Ágape (ἀγάπη) — Amor de benevolencia y entrega, que no depende del valor ni del mérito de quien es amado. La palabra es poco frecuente en la literatura griega clásica, pero se vuelve central en la Septuaginta y en el Nuevo Testamento, donde designa el amor de Dios por los hombres, el amor de los hombres a Dios y el amor al prójimo. Los evangelios resumen la ley en los dos mandamientos del amor a Dios y al prójimo (Mateo 22, 37–40), Pablo dedica el himno de 1 Corintios 13 al ágape, y la Primera Carta de Juan lo identifica con la naturaleza de Dios (1 Juan 4, 8). En latín el término fue vertido como caritas o dilectio. Agustín, en La ciudad de Dios y en otras obras, hizo de la caritas el principio de la vida moral, y Tomás de Aquino la trató como virtud teologal en la Suma teológica (II-II, q. 23–27). Kierkegaard, en Las obras del amor (1847), analiza el amor al prójimo como deber cristiano. El estudio más influyente del contraste fue el del teólogo sueco Anders Nygren, Eros y Ágape (Den kristna kärlekstanken genom tiderna, 1930–1936; traducción inglesa de Philip S. Watson, 1953): para él, el eros es amor que asciende, adquisitivo y motivado por el valor de su objeto, mientras que el ágape es amor que desciende, espontáneo e inmotivado, y la historia de la idea cristiana del amor sería la de su mezcla y disputa con el eros. La tesis fue muy criticada: pensadores como Martin D’Arcy, en The Mind and Heart of Love (1945), sostuvieron que ambos se complementan, posición retomada por Benedicto XVI en la encíclica Deus caritas est (2005). Véanse también eros y philia; San Agustín, Tomás de Aquino y Kierkegaard.
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