Absoluto — Aquello que existe por sí mismo, de modo incondicionado e independiente de cualquier otra cosa. El término procede del latín absolutus (“suelto, desligado, libre de”), participio de absolvere, y designa lo que está liberado de toda relación, límite o determinación externa, oponiéndose así a lo relativo, que solo existe en referencia a otro. En la metafísica clásica el concepto se aproxima al fundamento último de la realidad, pero es en el idealismo alemán donde el Absoluto se convierte en el problema central. Schelling, en su filosofía de la identidad, concibe el Absoluto como la indiferencia originaria entre sujeto y objeto, naturaleza y espíritu. Hegel critica esa concepción por reducirla a una unidad vacía e inmóvil — “la noche en que todas las vacas son pardas” — y propone pensar el Absoluto no como sustancia estática, sino como sujeto que se desarrolla. Para Hegel, el Absoluto es el Espíritu (Geist) que se realiza dialécticamente a lo largo de la historia, atravesando la alienación y la contradicción hasta alcanzar el pleno autoconocimiento; en la Fenomenología del Espíritu (1807) ese recorrido se narra como la educación de la conciencia, y en la Ciencia de la Lógica culmina en la llamada Idea Absoluta. Concretamente, esto significa que el pensamiento humano, el arte, la religión y la filosofía son momentos por los cuales el Absoluto llega a la conciencia de sí mismo. Por ello el Absoluto hegeliano difiere del “Dios” teísta: no es una realidad externa y trascendente al mundo, sino inmanente al propio proceso histórico. Más tarde, idealistas británicos como F. H. Bradley retomarían el término para designar la totalidad última y coherente de la experiencia. Conceptos estrechamente ligados son el de dialéctica y el de Espíritu Absoluto.
← Glosario