A priori / A posteriori — Distinción epistemológica que clasifica el conocimiento según su relación con la experiencia. Los términos proceden del latín — a priori significa “a partir de lo que viene antes” y a posteriori, “a partir de lo que viene después” — y ya circulaban en la lógica escolástica medieval antes de adquirir su sentido moderno. El conocimiento a priori es aquel cuya justificación es independiente de la experiencia sensible: se apoya únicamente en la razón, como las verdades de la matemática y los principios de la lógica. El conocimiento a posteriori (o empírico) depende de la observación y la experiencia, como saber que el agua hierve a cierta temperatura o que la nieve es blanca. Sus rasgos distintivos suelen ser la necesidad y la universalidad: lo que se conoce a priori vale necesariamente y sin excepción, mientras que el conocimiento empírico permanece contingente y particular. Fue Immanuel Kant quien dio a la distinción su formulación clásica en la Crítica de la Razón Pura (1781). Frente a la división simple entre juicios analíticos (cuyo predicado ya está contenido en el sujeto) y sintéticos (que añaden información nueva), Kant defendió la existencia de juicios sintéticos a priori: afirmaciones que amplían el conocimiento y, sin embargo, son universalmente válidas sin recurrir a la experiencia — como “7 + 5 = 12” o “la línea recta es el camino más corto entre dos puntos”. Para Kant, la posibilidad misma de la matemática y de la física dependía de tales juicios. La distinción se articula así estrechamente con el par analítico/sintético y con la noción de conocimiento empírico, y sigue siendo central en la teoría del conocimiento.


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