El Encuentro que Definió una Era
En 1971, John Rawls (1921–2002) publicó Teoría de la justicia — obra que resucitó la filosofía política normativa después de décadas de predominio positivista. Tres años después, en 1974, Robert Nozick (1938–2002) respondió con Anarquía, estado y utopía, que se convirtió en la crítica libertaria más rigurosa al programa rawlsiano. Ambos eran profesores en Harvard. El debate que sostuvieron — personalmente cordial, filosóficamente radical — sigue siendo el enfrentamiento más productivo de la filosofía política angloamericana del siglo XX.
Rawls: La Justicia como Equidad
La Posición Original y el Velo de la Ignorancia
El problema de Rawls: ¿cómo establecer principios de justicia genuinamente imparciales? Su solución es un experimento mental: imaginar que las personas eligen principios de justicia desde una posición original, bajo un velo de la ignorancia — sin saber qué posición ocuparán en la sociedad (clase, sexo, raza, talentos naturales, concepción del bien, generación).
Nadie elegiría principios que favorezcan a grupos específicos si no supiera a qué grupo pertenece. Esta ignorancia estratégica garantiza la imparcialidad.
Los Dos Principios
De la posición original, Rawls deriva dos principios ordenados lexicográficamente:
Primer principio — Libertades básicas iguales: Cada persona debe tener un sistema adecuado de libertades básicas iguales.
Segundo principio: Las desigualdades socioeconómicas deben estar organizadas de modo que: (a) ofrezcan las mayores ventajas posibles a los miembros menos favorecidos (principio de diferencia); (b) estén vinculadas a cargos abiertos a todos en condiciones de igualdad equitativa de oportunidades.
Nozick: Derechos, Estado Mínimo y Titularidad
La Crítica Fundamental
Nozick parte de una premisa que Rawls no cuestiona suficientemente: las personas tienen derechos que son “restricciones laterales” (side constraints) — no factores a maximizar, sino límites que no pueden ser violados por ninguna causa, incluida la mejora de los más desfavorecidos.
La Teoría de la Titularidad
La distribución es justa si resulta de adquisiciones y transferencias justas — independientemente del patrón resultante.
El Argumento de Wilt Chamberlain
Supóngase una distribución D1 que todos consideran justa. Un millón de personas, libremente, dan veinticinco centavos a Wilt Chamberlain para verlo jugar. Resulta D2, donde Wilt tiene $250.000 más que cualquier otro. ¿Es D2 injusta? Cada transacción fue voluntaria; ningún derecho fue violado. Imponer un principio redistributivo que corrija D2 exigiría interferencia continua en los intercambios voluntarios — incompatible con la libertad.
Conclusión: La libertad deshace patrones. Mantener patrones requiere coacción continua.
El Estado Mínimo
El único Estado justificable es el estado mínimo — limitado a la protección contra la violencia, el robo y el fraude, y a la garantía de los contratos. Cualquier Estado más extenso que redistribuya riqueza viola derechos individuales sin consentimiento.
El Debate: Lo que Está en Juego
| Cuestión | Rawls | Nozick |
|---|---|---|
| Naturaleza de la justicia | Patrón equitativo | Historia de titularidades |
| Papel del Estado | Estado liberal redistributivo | Estado mínimo |
| Tributación redistributiva | Justa, si beneficia a los más pobres | Equivalente al trabajo forzado |
| Fundamento | Posición original / velo de la ignorancia | Derechos naturales individuales |
Críticas a Ambos
Comunitaristas (Sandel, MacIntyre, Taylor): Rawls presupone un “yo desvinculado” (unencumbered self) sin identidad, tradición o bien común pre-político — ficción filosófica. Michael Sandel, en El liberalismo y los límites de la justicia (1982), argumenta que el velo de la ignorancia presupone que el yo es anterior a sus fines, lo que contradice la experiencia real de formación de identidades.
Crítica a Nozick: La teoría de la adquisición originaria justa es implausible — la historia real de la propiedad está llena de violencia, colonización y robo. La “rectificación” que Nozick admite sería tan masiva que desharía el sistema actual.
Conclusión
El debate Rawls-Nozick resultó fecundo para las generaciones posteriores. Reveló que invocar libertad o igualdad no basta: hay que especificar qué libertad, igualdad de qué y para quién.