Se llama patrística (del latín patres, “padres”) al pensamiento de los escritores cristianos de los primeros siglos, los Padres de la Iglesia, que entre el siglo II y los inicios de la Edad Media procuraron explicar, defender y profundizar la fe cristiana dentro de una cultura saturada de filosofía griega. El desafío era doble. Hacia fuera, había que responder a la acusación de que el cristianismo era una superstición irracional. Hacia dentro, había que fijar lo que se creía sobre Dios, Cristo, el mundo y el alma frente a interpretaciones rivales. En ambos casos los Padres debieron elegir, entre los instrumentos conceptuales disponibles (el platonismo, el estoicismo, el aristotelismo), los que parecían servir a la fe, y decidir qué hacer con los que no.
Este artículo recorre el período desde la perspectiva de la historia de la filosofía: los apologistas, Ireneo y la gnosis, los alejandrinos, Tertuliano, los Capadocios, los concilios y su vocabulario, y los puentes hacia la escolástica. San Agustín, cima de la patrística latina, tiene tratamiento propio en el artículo Agustín: Confesiones, tiempo, libre albedrío y La ciudad de Dios, y aparece aquí solo en su lugar dentro del conjunto.
1. El terreno: filosofía helenística y judaísmo alejandrino
Cuando surgió el cristianismo, el mundo mediterráneo ya ofrecía un paisaje filosófico denso: el platonismo medio, el estoicismo (cuya noción de lógos como razón inmanente al cosmos fue decisiva para los Padres), el aristotelismo escolar y el escepticismo. Existía también un precedente importante de lectura filosófica de un texto sagrado: Filón de Alejandría (c. 20 a. C.–c. 50 d. C.), judío helenizado, había interpretado la Biblia hebrea con categorías platónicas y estoicas mediante la alegoría. Los alejandrinos cristianos, de Clemente a Orígenes, heredarían ese método.
Un debate historiográfico acompaña todo el tema: la llamada tesis de la helenización del cristianismo, asociada a Adolf von Harnack (1851–1930), según la cual el dogma cristiano sería, en gran medida, obra del espíritu griego sobre el Evangelio. Historiadores posteriores matizaron la tesis: los Padres no adoptaron simplemente el pensamiento griego, sino que lo seleccionaron, transformaron y con frecuencia corrigieron, como muestra la doctrina de la creación a partir de la nada, que contradice la materia eterna del platonismo y del aristotelismo.
2. Los apologistas: Justino y el lógos spermatikós
Los apologistas griegos del siglo II (Arístides, Atenágoras, Teófilo de Antioquía, Taciano y, el más importante, Justino) se dirigían a emperadores y al público culto para refutar las acusaciones contra los cristianos y presentar la nueva fe como una sabiduría razonable.
Justino, llamado el Mártir (c. 100–c. 165), nació en Flavia Neápolis, en Palestina (actual Nablus). En el Diálogo con Trifón narra un itinerario filosófico en el que pasa por estoicos, peripatéticos, pitagóricos y platónicos antes de hallar en el cristianismo la única “filosofía segura”. Nunca abandonó el manto de filósofo. Sus obras seguras son las dos Apologías (dirigidas al emperador Antonino Pío y al Senado; la segunda es más breve) y el Diálogo con Trifón.
Su contribución filosófica más célebre es la doctrina del lógos spermatikós (“Verbo seminal”), expuesta sobre todo en la Segunda Apología (8 y 13). El término procede del estoicismo, donde las “razones seminales” son los principios racionales que estructuran el cosmos. Justino identifica el Logos con Cristo (la Palabra de la que habla el Prólogo del Evangelio de Juan): toda la humanidad participa de él, y los filósofos paganos que vivieron según la razón obtuvieron semillas parciales de la verdad. En la Primera Apología (46), Justino afirma que quienes vivieron conforme al Logos son, en cierto sentido, cristianos, aunque fueran tenidos por ateos, y cita como ejemplos a Sócrates y Heráclito. La verdad plena, sin embargo, solo se manifestó en la encarnación del Logos.
La consecuencia es una tesis de continuidad: la filosofía griega no es, para Justino, enemiga de la fe, sino una preparación parcial para ella. Esa tesis tendrá una larga carrera (en la forma “la filosofía como preparación para el Evangelio”) y será contrapesada por voces hostiles, como la de su discípulo Taciano, cuyo Discurso contra los griegos rechaza la cultura helénica de modo mucho más severo.
Para el trasfondo estoico del término, véanse el artículo sobre el estoicismo y la entrada Logos.
3. Ireneo de Lyon y el combate contra la gnosis
El cristianismo de los siglos II y III convivió con movimientos que se presentaban como poseedores de un conocimiento salvífico superior, la gnosis (gnôsis). Entre los maestros gnósticos estuvieron Valentín y Basílides; Marción, en cambio, es un caso aparte y distinto: rechazaba el Antiguo Testamento y distinguía al Dios justo de la Ley del Dios bueno de Jesús, sin que se lo clasifique de modo unánime como gnóstico. En líneas generales, los sistemas gnósticos compartían un dualismo entre un Dios supremo y un creador inferior (el demiurgo), una visión negativa del mundo material y la salvación como recuerdo de lo que el alma es en su origen. Para una exposición conceptual, véase la entrada Gnosis.
Ireneo de Lyon (c. 130–c. 202), de origen asiático (Esmirna) y obispo en Lyon, escribió hacia 180 la obra Contra las herejías (Adversus haereses), cuyo título griego completo se traduce como Desenmascaramiento y refutación del falso conocimiento. Es la principal fuente para el estudio del valentinianismo y de otros sistemas, a la vez que un tratado positivo. Entre sus tesis centrales:
- Unidad del Dios creador y redentor: contra el dualismo, Ireneo sostiene que el Dios que creó el mundo es el mismo que lo redimió en Cristo.
- Bondad de la materia y de la carne: la creación es buena, y la salvación concierne al ser humano entero, cuerpo incluido.
- Recapitulación (anakephalaíosis): Cristo recapitula en sí la historia humana, rehaciendo el recorrido de Adán para sanarlo.
- Regla de fe y tradición apostólica como criterio frente a interpretaciones arbitrarias de las Escrituras.
El contraste con el neoplatonismo es instructivo. Plotino, en el tratado Contra los gnósticos (Enéada II.9), critica un dualismo semejante por motivos filosóficos independientes, defendiendo la belleza del cosmos (véase el artículo sobre Plotino). Ireneo y Plotino, en lados opuestos de la frontera entre filosofía y fe, convergen en la defensa de la bondad de la creación.
4. Los alejandrinos: Clemente y Orígenes
Alejandría, la ciudad de Filón y de una gran biblioteca, fue el primer gran centro de teología filosófica cristiana, en torno a la escuela catequética.
4.1 Clemente de Alejandría
Clemente (c. 150–c. 215) escribió el Protréptico (exhortación a los griegos), el Pedagogo (la educación moral del cristiano) y los Stromata (“Tapices”, una miscelánea). Para él, la filosofía griega fue dada a los griegos como el Antiguo Testamento a los judíos: un “pedagogo” que conduce a Cristo (tesis defendida sobre todo en los Stromata). Clemente recoge ampliamente a poetas y filósofos, y describe al cristiano perfecto como el verdadero gnóstico, el que conoce y ama, reutilizando positivamente un término que los gnósticos habían monopolizado. Su teología es apofática en rasgos importantes: Dios trasciende toda definición.
4.2 Orígenes
Orígenes (c. 185–c. 253) fue el intelectual cristiano más ambicioso de la Antigüedad. Trabajó en Alejandría y después en Cesarea de Palestina, y produjo la Héxapla (edición comparada del Antiguo Testamento), comentarios bíblicos, el tratado apologético Contra Celso (c. 248) y, sobre todo, Sobre los principios (Peri Archôn, en latín De principiis, escrito hacia 220–230), la primera exposición sistemática de la teología cristiana. Según la tradición, murió hacia 253 a consecuencia de las torturas sufridas en la persecución de Decio. Su método exegético distingue, a la manera alejandrina, los sentidos corporal (literal), psíquico (moral) y espiritual (alegórico) de la Escritura.
Sobre los principios nos ha llegado mayormente en la traducción latina de Rufino (c. 398), que la modificó, lo cual dificulta determinar exactamente qué sostuvo Orígenes. Entre sus tesis más discutidas:
- Generación eterna del Hijo: el Hijo es engendrado del Padre desde siempre, idea importante para la posterior controversia arriana, aunque algunas formulaciones de Orígenes suenan subordinacionistas.
- Preexistencia de las almas: las almas habrían existido antes que los cuerpos, como inteligencias creadas que se apartaron de Dios en grados diversos, y el mundo material sería el lugar de su educación.
- Libertad racional: toda criatura racional es libre, y la variedad de condiciones resulta del uso de esa libertad.
- Apocatástasis (apokatástasis): la restauración final de todas las criaturas en Dios, tema que Orígenes trata de modo especulativo y exploratorio, no como dogma afirmativo.
La condena posterior requiere matiz histórico. En 543, el emperador Justiniano publicó un edicto contra las doctrinas atribuidas a Orígenes, acompañado de anatemas. La tradición vincula también la condena al Segundo Concilio de Constantinopla (553), pero la atribución de los anatemas específicos a ese concilio es discutida por los historiadores, como lo es el alcance exacto de lo condenado: las tesis aludidas eran en parte las de monjes “origenistas” del siglo VI, herederos de Evagrio Póntico (m. 399), más que necesariamente las del propio Orígenes. Cabe notar además que Gregorio de Nisa, que también enseñó una forma de apocatástasis, jamás fue condenado, y que Orígenes siguió siendo leído y estimado por muchos autores posteriores, entre ellos los Capadocios, que compilaron una antología de sus textos, la Filocalia, atribuida a Basilio y a Gregorio Nacianceno.
En términos filosóficos, Orígenes es un platónico cristiano: piensa la jerarquía del ser en clave platónica y la historia del mundo como un proceso pedagógico de retorno. Pero su doctrina de la creación a partir de la nada y su rechazo de la eternidad de la materia lo distinguen de los platónicos paganos.
5. Tertuliano: “¿Qué tiene que ver Atenas con Jerusalén?”
Quinto Septimio Florente Tertuliano (c. 155–c. 220), de Cartago, fue el primer gran escritor cristiano en lengua latina. Escribió el Apologético (197), Sobre la prescripción de los herejes (De praescriptione haereticorum, c. 200), Contra Praxeas, Sobre la carne de Cristo, Sobre el alma, entre otros. Más tarde se adhirió al montanismo, movimiento profético y rigorista.
5.1 La célebre pregunta
En De praescriptione haereticorum 7, Tertuliano formula la pregunta que se volvió emblema de una actitud de desconfianza hacia la filosofía: “Quid ergo Athenis et Hierosolymis?” ("¿Qué tiene, pues, que ver Atenas con Jerusalén?"). Continúa con preguntas análogas sobre la Academia y la Iglesia, y concluye que, después de Cristo Jesús, los cristianos no necesitan curiosidad, ni indagación después del Evangelio. El contexto es la lucha contra los herejes, que, según él, se alimentan de especulación filosófica: el objetivo es mostrar que la verdad ya fue entregada por la regla de fe y que la investigación sin fin es sospechosa.
Se trata, sin embargo, de una actitud retórica y polémica, no de un rechazo integral de la filosofía. El propio Tertuliano utiliza ampliamente categorías estoicas: en Sobre el alma sostiene que el alma es corpórea, a la manera estoica. Lecturas recientes tienden a describirlo como un intelectual formado en la retórica y el derecho romano, no como un simple adversario del pensamiento.
5.2 “Credo quia absurdum”: lo que Tertuliano no dijo
La frase “credo quia absurdum” (“creo porque es absurdo”) se atribuye con frecuencia a Tertuliano y es una de las citas más populares sobre él, pero no se encuentra literalmente en su obra. La fuente del equívoco está en De carne Christi (Sobre la carne de Cristo) 5, donde, defendiendo la realidad de la encarnación y la muerte de Cristo contra quienes las negaban por juzgarlas indignas de Dios, escribe en fórmula paradójica: “prorsus credibile est, quia ineptum est” (“es del todo creíble, porque es inconveniente/necio”) y “certum est, quia impossibile” (“es cierto, porque es imposible”).
Conviene retener tres puntos de lectura:
- La formulación original habla de ineptum (“inconveniente”, “necio”) y de impossibile, no de absurdum; la fórmula credo quia absurdum es una reducción posterior, de origen moderno.
- El contexto es retórico: Tertuliano sostiene que el escándalo de la cruz, justamente por ser tan inverosímil, no puede ser invención humana, de modo que la inverosimilitud sirve de indicio de verdad. Los estudiosos observan que el argumento tiene precedente en lugares comunes de la retórica clásica, como los de la Retórica de Aristóteles sobre lo improbable que resulta creíble.
- De ello no se sigue que Tertuliano defendiera un irracionalismo programático. Reducir su posición al eslogan es empobrecerla.
La fórmula “credo quia absurdum” y la apelación a lo absurdo como criterio de la fe reaparecerán, en otro contexto, en la reflexión moderna sobre el fideísmo; véase el artículo Filosofía de la religión: teodicea, fideísmo y experiencia.
5.3 Aportes doctrinales y vocabulario latino
En el tratado Contra Praxeas, Tertuliano acuña el vocabulario trinitario latino: Dios es una substantia en tres personae, y el término trinitas aparece en su obra. Ese vocabulario será retomado y refinado en los concilios y por Agustín (véase abajo). Su Apologético y su polémica contra Marción siguen siendo también fuentes importantes.
6. Los Capadocios y la filosofía de la Trinidad
La controversia trinitaria del siglo IV es un episodio decisivo en la historia de los conceptos filosóficos. El presbítero Arrio de Alejandría (c. 256–336) sostenía que el Hijo, aunque la primera y más elevada de las criaturas, no era eterno ni de la misma naturaleza que el Padre. El Concilio de Nicea (325) respondió declarando al Hijo homoousios (“consustancial”, “de la misma esencia”) con el Padre. Defensor decisivo de esa posición fue Atanasio de Alejandría (c. 296/298–373), autor de Sobre la encarnación del Verbo.
En ese debate hicieron su aporte los tres Capadocios. Basilio de Cesarea (c. 330–379), Gregorio de Nisa (c. 335–c. 395), su hermano menor, y Gregorio Nacianceno (c. 329–c. 390), amigo de Basilio, eran hombres de refinada formación retórica y filosófica, que estudiaron en Atenas (en el caso de Basilio y Gregorio Nacianceno) y conocían bien el platonismo.
6.1 Ousía e hypóstasis
El principal servicio conceptual de los Capadocios fue precisar un vocabulario que en el texto niceno original todavía era ambiguo: el anatema final del símbolo de 325 trataba hypóstasis y ousía como casi sinónimos. Los Capadocios los distinguieron:
- ousía: lo que hay de común, la esencia o naturaleza compartida: lo que las tres personas divinas son en común;
- hypóstasis: el modo propio de existir individual: lo que distingue al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
La fórmula resultante, “una ousía, tres hypóstasis”, se convirtió en el estándar de la teología trinitaria griega. Basilio la expone, entre otras obras, en Contra Eunomio y en el tratado Sobre el Espíritu Santo (c. 375). La Carta 38, sobre la diferencia entre ousía e hypóstasis, que emplea la analogía de lo universal y lo particular (lo común, como “hombre”, y el individuo concreto), se atribuye tradicionalmente a Basilio; hoy muchos estudiosos se la atribuyen a Gregorio de Nisa, y la cuestión de la autoría sigue en debate. Véanse las entradas Ousia y Sustancia para el trasfondo aristotélico de los términos.
La analogía es filosóficamente significativa porque toca el problema de los universales: tratar la naturaleza divina como algo común a tres y las hipóstasis como “individuos” suscitó muy pronto la objeción de triteísmo, que Gregorio de Nisa enfrentó en textos como Que no son tres dioses. Sobre el desarrollo medieval del problema de los universales, véase el artículo sobre Pedro Abelardo.
6.2 Otros temas
- Gregorio de Nisa es el más filosófico de los tres. En Sobre la creación del hombre y en el diálogo Sobre el alma y la resurrección (con su hermana Macrina) discute la naturaleza del alma, y en la Vida de Moisés describe la vida espiritual como ascenso infinito (epéktasis): como Dios es infinito, el alma nunca agota su conocimiento, y el progreso es eterno. Sostuvo también una forma de restauración universal (apocatástasis).
- Gregorio Nacianceno es llamado “el Teólogo”. Sus cinco Orationes teológicas (380) formulan la doctrina de la Trinidad y del Espíritu Santo con refinamiento retórico.
- Basilio es también autor de las Homilías sobre el Hexamerón, comentario al relato de la creación que dialoga con la ciencia natural de su época.
7. Concilios y vocabulario: un cuadro sintético
La relación entre filosofía y teología se mide bien por los concilios:
| Concilio | Año | Cuestión filosófico-teológica |
|---|---|---|
| Nicea | 325 | El Hijo es homoousios con el Padre, contra Arrio |
| Constantinopla I | 381 | Confirma Nicea y consolida la divinidad del Espíritu Santo; el vocabulario capadocio pasa a ser el estándar griego |
| Éfeso | 431 | María como Theotókos; la unidad de Cristo |
| Calcedonia | 451 | Cristo, una sola persona (hypóstasis, prósopon) en dos naturalezas (physis) |
El vocabulario moviliza, en grados diversos, términos filosóficos ya corrientes: ousía (“esencia”, “ser”) y physis (“naturaleza”, véase la entrada Physis), hypóstasis (“subsistencia”), prósopon (“rostro”, “persona”). El latín los traduce por substantia, natura y persona, y la traducción no siempre correspondió al griego: substantia puede traducir tanto ousía como hypóstasis, lo que generó malentendidos entre griegos y latinos. Este fue el origen del concepto de persona: de máscara teatral (prósopon, persona) a categoría metafísica, y más tarde la definición de Boecio (naturae rationabilis individua substantia, “sustancia individual de naturaleza racional”).
8. Agustín como cima de la patrística latina
Agustín de Hipona (354–430) lleva la patrística latina a su punto más alto. Lector de los “libros de los platónicos” (véase el artículo sobre Plotino), articuló el De Trinitate con analogías psicológicas, desarrolló la doctrina del mal como privación, del tiempo y la memoria en las Confesiones, de la gracia y el libre albedrío en la polémica con Pelagio, y una teología de la historia en La ciudad de Dios. Sintetiza en un solo autor casi todas las líneas de la patrística anterior, y durante mil años fue la principal autoridad filosófica del Occidente latino. Para el desarrollo de estas tesis, véanse el artículo dedicado a Agustín y el artículo sobre libre albedrío y determinismo.
9. El Pseudo-Dionisio Areopagita
Hacia el año 500 (fines del siglo V o comienzos del VI) circuló un corpus de obras (Los nombres divinos, Teología mística, Jerarquía celeste y Jerarquía eclesiástica) firmado por “Dionisio”, el convertido por Pablo en el Areópago de Atenas (Hch 17,34). La atribución es falsa: el autor, probablemente sirio y desconocido, recibe el nombre convencional de Pseudo-Dionisio. El corpus realiza una síntesis notable del platonismo tardío, en especial del neoplatonismo de Proclo, con la fe cristiana. Véase el artículo sobre el neoplatonismo tardío.
Sus tesis principales:
- Teología negativa (apofática): Dios está más allá de todo nombre y concepto; solo se puede decir lo que Él no es, e incluso las afirmaciones son superadas en la “tiniebla divina” del desconocimiento que une.
- Los nombres divinos: no obstante, es lícito atribuir a Dios nombres tomados de las criaturas (Bien, Ser, Vida, Sabiduría), como causa de todas las perfecciones, según una triple vía de afirmación, negación y eminencia.
- Jerarquía: el cosmos y la Iglesia están ordenados en grados, por los cuales desciende la iluminación divina y el alma retorna a Dios, esquema de clara ascendencia neoplatónica de procesión y retorno.
La autoridad que el corpus adquirió, dada su atribución apostólica, fue inmensa. Fue traducido al latín en el siglo IX por Hilduino y luego por Juan Escoto Eriúgena, e influyó fuertemente en la mística medieval y en la escolástica: Tomás de Aquino lo cita con frecuencia, y la teología negativa atraviesa la historia posterior, del Maestro Eckhart a los debates contemporáneos.
10. Boecio y la transición a la escolástica
Boecio (c. 480–524) es descrito con frecuencia como el último romano y el primer escolástico. Se propuso traducir al latín las obras de Platón y Aristóteles y mostrar su concordancia, proyecto que no concluyó. Tradujo y comentó las Categorías y Sobre la interpretación de Aristóteles y la Isagoge de Porfirio, cuya pregunta sobre los universales (¿existen en sí o solo en el pensamiento?) dominó la lógica medieval (véase el artículo sobre el neoplatonismo tardío). Sus Opuscula sacra aplican la lógica a la teología trinitaria y cristológica, y la Consolación de la Filosofía, escrita en prisión, une consuelo filosófico y horizonte cristiano y trata la presciencia divina y la libertad humana mediante la noción de eternidad como “posesión total, simultánea y perfecta de una vida sin límites”. Su obra hizo de intermediaria entre el mundo antiguo y el medieval: durante siglos fue esencialmente la única vía de acceso del Occidente latino a la lógica aristotélica.
10.1 De la patrística a la escolástica
La frontera entre patrística y escolástica no es nítida. Suele situarse el fin de la patrística latina con Isidoro de Sevilla (c. 560–636) y el de la griega con Juan Damasceno (c. 675–c. 749), aunque las fechas varían según el criterio. Entre el fin de la Antigüedad y el siglo XI, Occidente conservó la herencia de Agustín, Boecio y el corpus dionisiano, y el renacimiento carolingio (siglo IX), con Juan Escoto Eriúgena, reabrió la discusión filosófica. La escolástica propiamente dicha surge a partir del siglo XI y se consolida en los siglos XII y XIII con el contacto renovado con Aristóteles mediante traducciones del árabe y del griego. Su culminación, la síntesis de Tomás de Aquino, presupone casi todo lo que los Padres habían construido: el vocabulario trinitario, la doctrina de la creación, el uso del neoplatonismo y del aristotelismo al servicio de una teología racional. Véanse el artículo Tomás de Aquino: fe y razón, las cinco vías y la síntesis escolástica y el artículo sobre Maimónides, ejemplo paralelo, en el mundo judío, del mismo problema de fe y razón.
11. Balance: qué dejó la patrística a la historia de la filosofía
- Conceptos de persona y de relación: de la controversia trinitaria nacieron categorías (hipóstasis, persona, relación subsistente) que la filosofía posterior reutilizó, de la antropología a la ética.
- Creación a partir de la nada: frente a las materias eternas del pensamiento griego, la patrística afirmó un mundo contingente y dependiente de Dios, idea metafísica de enorme alcance.
- Un modo de relacionar fe y razón: de Justino (“semillas del Logos”) a Tertuliano (sospecha de la filosofía) y a Agustín (“creo para comprender”), los Padres ofrecieron los modelos de que vivió la tradición posterior.
- Transmisión del platonismo: sin la mediación cristiana, buena parte del platonismo tardío no habría llegado a la Edad Media.
- Teología negativa y mística especulativa: de Clemente y Gregorio de Nisa al Pseudo-Dionisio, una tradición apofática que influyó en toda la mística medieval.
Referencias bibliográficas
AGUSTÍN. Confesiones; La Trinidad (De Trinitate); La ciudad de Dios.
BASILIO DE CESAREA. Contra Eunomio; Sobre el Espíritu Santo; Homilías sobre el Hexamerón.
BOECIO. La consolación de la Filosofía; Opuscula sacra.
CHADWICK, Henry. Early Christian Thought and the Classical Tradition: Studies in Justin, Clement, and Origen. Oxford: Oxford University Press, 1966.
GREGORIO DE NISA. Sobre la creación del hombre; Vida de Moisés; Sobre el alma y la resurrección.
IRENEO DE LYON. Contra las herejías (Adversus haereses).
JUSTINO MÁRTIR. Primera Apología; Segunda Apología; Diálogo con Trifón.
KELLY, J. N. D. Early Christian Doctrines. London: A. & C. Black, 1958.
ORÍGENES. Sobre los principios (Peri Archôn / De principiis); Contra Celso.
PELIKAN, Jaroslav. The Christian Tradition: A History of the Development of Doctrine, vol. 1: The Emergence of the Catholic Tradition (100–600). Chicago: University of Chicago Press, 1971.
PSEUDO-DIONISIO AREOPAGITA. The Complete Works. Trad. Colm Luibheid. New York: Paulist Press, 1987.
TERTULIANO. Sobre la prescripción de los herejes (De praescriptione haereticorum); Sobre la carne de Cristo (De carne Christi); Contra Praxeas; Apologético.