En una vida de treinta y nueve años, Blaise Pascal (1623–1662) aportó a la geometría proyectiva y a la teoría de la probabilidad, realizó experimentos decisivos sobre el vacío y la presión atmosférica, inventó una máquina de calcular, escribió una obra polémica que marcó la prosa francesa, las Cartas provinciales, y dejó los fragmentos de una apología de la religión cristiana que nunca llegó a escribir y que la posteridad conoce como los Pensamientos (Pensées). Es un autor difícil de clasificar: un científico que delimita el alcance de la razón científica, un cristiano jansenista que recurre a argumentos de probabilidad, un escritor que desconfía de la retórica. Este artículo recorre su biografía, los temas centrales de los Pensamientos y la recepción de la obra. El perfil de Blaise Pascal ofrece un resumen; aquí se trata de profundizar.
1. Vida y ciencia
Pascal nació el 19 de junio de 1623 en Clermont (hoy Clermont-Ferrand) y murió en París el 19 de agosto de 1662. Perdió a su madre a los tres años y fue educado en casa por su padre, Étienne Pascal, magistrado y matemático aficionado, que lo llevó a París y lo introdujo en los círculos científicos en torno a Mersenne. A los dieciséis años escribió el Ensayo sobre las cónicas (1640), donde aparece el resultado hoy llamado teorema del «hexagrama místico» de Pascal.
En Ruan, donde su padre trabajaba en la administración fiscal, Pascal proyectó desde 1642 una máquina de calcular mecánica, la «pascalina», para aliviar el trabajo paterno. En 1647 publicó las Nuevas experiencias acerca del vacío y, en 1648, pidió a su cuñado Florin Périer que repitiera en el Puy de Dôme el experimento de Torricelli, mostrando que la columna de mercurio descendía con la altitud, lo que respaldaba la tesis de que la presión atmosférica, y no un «horror al vacío», explicaba el fenómeno. Sus resultados teóricos se reunieron en los tratados sobre el equilibrio de los líquidos y el peso de la masa del aire, publicados tras su muerte, en 1663.
En 1654, Pascal mantuvo correspondencia con Pierre de Fermat sobre el «problema de los puntos», el reparto justo de una apuesta interrumpida, trabajo considerado generalmente uno de los actos fundacionales del cálculo de probabilidades. Ese mismo año compuso el Tratado del triángulo aritmético, publicado en 1665, que sistematiza las propiedades de lo que hoy llamamos triángulo de Pascal.
En 1647, Pascal se encontró también en París con René Descartes, que lo visitó. La relación entre ambos está marcada por la discrepancia: Descartes defendía una materia sutil que llenaba el espacio aparentemente vacío, mientras Pascal sostenía con cautela la posibilidad del vacío. Representan dos concepciones del método científico, pero el contraste más profundo concierne al lugar de la razón en el conjunto del saber, como se verá.
2. La conversión, el Memorial y Port-Royal
La familia Pascal se acercó al jansenismo desde 1646, y su hermana Jacqueline ingresó en el convento de Port-Royal en 1652. El jansenismo es el movimiento vinculado al teólogo Cornelio Jansenio (el Augustinus, 1640) y a la abadía de Port-Royal, que subrayaba la doctrina agustiniana de la gracia, de la corrupción de la naturaleza humana por el pecado original y de la necesidad de la gracia eficaz para la salvación (para el trasfondo agustiniano, véase Agustín: Confesiones, tiempo y libre albedrío).
En la noche del 23 de noviembre de 1654, Pascal vivió una intensa experiencia religiosa que anotó en un pequeño pergamino: el Memorial. El documento, que cosió en el forro de su ropa y que fue hallado tras su muerte, se abre con la palabra «Fuego» e invoca al «Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, no de los filósofos y de los sabios» (Dieu d’Abraham, Dieu d’Isaac, Dieu de Jacob, non des philosophes et des savants). El texto se lee a menudo como clave biográfica de la distinción pascaliana entre el Dios de la revelación, hallado en la experiencia personal, y el Dios de los filósofos, alcanzado por demostración; pero cómo interpretar la «segunda conversión» de Pascal y su efecto sobre el pensamiento es materia de discusión entre los estudiosos.
3. Las Cartas provinciales
Entre enero de 1656 y marzo de 1657, Pascal publicó, bajo el seudónimo de Louis de Montalte, las dieciocho Cartas escritas a un provincial (Lettres provinciales). El motivo inmediato fue la censura de la Sorbona al teólogo Antoine Arnauld, amigo de Port-Royal, por sus posiciones sobre la gracia. Las primeras cartas tratan la controversia teológica sobre la gracia suficiente y la gracia eficaz; a partir de la quinta, Pascal ataca la casuística de teólogos jesuitas, acusándolos de laxismo moral y de acomodar la doctrina a las conveniencias mundanas. La obra circuló ampliamente, fue condenada por Roma y prohibida en Francia, y se la reconoce, con independencia del juicio sobre la justicia de sus acusaciones, como hito de la prosa satírica y polémica en francés. Si Pascal hizo justicia a los jesuitas sigue siendo una cuestión histórica abierta.
4. Los Pensamientos: un libro sin escribir
En sus últimos años, Pascal concibió una Apología de la religión cristiana destinada a persuadir a los «libertinos», escépticos mundanos de su tiempo. La enfermedad le impidió escribirla. Quedaron cientos de papeles, en parte reunidos por él mismo en legajos (liasses) y en parte sueltos. La primera edición, preparada por los amigos de Port-Royal, salió en 1670 con el título Pensamientos del señor Pascal sobre la religión y sobre algunos otros asuntos, con selección y ordenación propias de los editores y algunas atenuaciones.
Ediciones y numeración
Quien cita los Pensamientos debe indicar la edición, porque la numeración varía:
- Brunschvicg (primera edición en 1897): ordena los fragmentos temáticamente, en catorce secciones, y fue la edición de referencia durante más de la mitad del siglo XX. Se cita como «B.» o «Br.».
- Lafuma (1951): busca reconstruir el orden de los papeles a partir de la primera copia manuscrita, respetando los legajos dejados por Pascal. Se cita como «L.» o «Laf.».
- Sellier: edición crítica de Philippe Sellier, que adopta otra disposición y otra numeración («S.»). Como ejemplo, la frase «Descartes inútil e incierto» se cita como S. 445 / L. 887.
En este artículo indicamos la numeración de Brunschvicg (la más difundida en traducciones y bibliografía antigua) y, cuando está verificada, la de Lafuma. No hay concordancia perfecta de orden entre las ediciones; conviene consultar la tabla de correspondencias de la edición que se tenga a mano.
5. La apuesta (Br. 233 / L. 418)
El fragmento más conocido de los Pensamientos se titula «Infinito, nada» (Infini — rien) y contiene la apuesta de Pascal. Se dirige a un interlocutor libertino que no logra creer y que alega que la razón no decide la cuestión de la existencia de Dios. El argumento puede resumirse en etapas:
- La razón, por sí sola, no decide entre «Dios es» y «Dios no es»: entre nosotros y Dios hay una distancia infinita, y no podemos conocer ni su naturaleza ni su existencia por la razón natural.
- Con todo, hay que apostar: no es una elección voluntaria («estáis embarcados»), pues la propia vida nos coloca ante la alternativa. Negarse a apostar ya es una forma de apostar en contra.
- Se sopesan entonces ganancia y pérdida. Si Dios existe y se cree, se gana una vida infinitamente feliz; si Dios no existe, se pierde poco, algo finito. Dada una probabilidad finita de que Dios exista y una posible ganancia infinita, apostar por la creencia es racional.
- Al interlocutor que responde «pero no puedo creer», Pascal le sugiere que actúe como los creyentes (tomar agua bendita, hacer decir misas) para que la costumbre disponga el cuerpo y la mente a la fe.
Los intérpretes, a partir de Ian Hacking (1972), discuten la estructura lógica del argumento, que combinaría consideraciones de dominancia y de valor esperado, y ven en él una de las primeras aplicaciones explícitas de la teoría de la decisión. Entre las objeciones clásicas figuran la de los muchos dioses (la apuesta valdría para cualquier divinidad que prometa recompensa infinita, objeción ya formulada por Diderot en los Pensamientos filosóficos, 1746), la de la creencia voluntaria (no se puede creer por decisión), la de la utilidad infinita (que rompe el cálculo del valor esperado) y la de que una fe interesada sería inauténtica o inaceptable a los ojos del propio Dios. William James, en «La voluntad de creer» (1896), consideró el argumento insuficiente como apología.
Dos cautelas de lectura. Primero, la apuesta no pretende probar la existencia de Dios, sino mostrar que la incertidumbre no autoriza la indiferencia. Segundo, es solo un momento de la apologética pascaliana, dirigido a un tipo específico de interlocutor; es un error tomarla como la doctrina completa del autor sobre la fe (véase Filosofía de la religión: teodicea, fideísmo y experiencia).
6. Espíritu de geometría y espíritu de finura (Br. 1 / L. 512)
En un fragmento que abre la edición Brunschvicg, Pascal escribe: «Hay mucha diferencia entre el espíritu de geometría y el espíritu de finura» (Il y a beaucoup de différence entre l’esprit de géométrie et l’esprit de finesse). La distinción, que la tradición filosófica retomaría muchas veces, puede describirse así:
- En el espíritu de geometría, los principios son palpables pero alejados del uso común; a quien no está habituado le cuesta volver la mente hacia ellos, pero, si lo hace, los verá por completo, y solo una mente falsa razonaría mal a partir de principios tan claros. Es el espíritu de los matemáticos: deducción rigurosa a partir de pocos principios.
- En el espíritu de finura (esprit de finesse; el término suele dejarse en francés, pues «sutileza» o «delicadeza» no lo traducen bien), los principios están en el uso común y ante los ojos de todos; no hace falta volver la cabeza, pero sí tener buena vista, porque son tan numerosos y tan finos que es casi imposible no dejar escapar alguno. Es el espíritu del juicio, que capta de un golpe una multitud de elementos, como al juzgar el carácter de una persona.
Cada uno es peligroso cuando invade el terreno del otro: el geómetra, habituado a la demostración, no sabe juzgar por el sentimiento; el hombre de finura pretende tratar con demostraciones matemáticas lo que no les concierne. Pascal, geómetra él mismo, no desprecia la geometría: delimita su ámbito. El opúsculo Del espíritu geométrico y Del arte de persuadir (compuesto hacia 1655 y publicado póstumamente) completa este punto, al sostener que la geometría es el método más perfecto de demostración, pero que no puede definir todos los términos ni probar todos los principios, y que sus primeros principios se conocen por otra vía.
7. El corazón y sus razones (Br. 277 y 282)
En este contexto escribe Pascal la frase más citada, y peor entendida, de los Pensamientos: «El corazón tiene sus razones que la razón no conoce» (Le cœur a ses raisons que la raison ne connaît point; Br. 277). No es una apología de la emoción contra el intelecto ni irracionalismo. En otro fragmento (Br. 282 / L. 110), Pascal afirma que conocemos la verdad no solo por la razón, sino también por el corazón, y que es por este último como conocemos los primeros principios, la existencia del espacio, del tiempo, del movimiento, de los números; la razón se apoya luego en ellos, pero no los demuestra. Es una tesis epistemológica: los fundamentos del razonamiento demostrativo no son ellos mismos demostrables, y el corazón designa la facultad de captar intuitivamente esos principios y, en el contexto religioso, de acoger la fe como don. De ahí se sigue la crítica al escepticismo extremo: los pirrónicos, dice Pascal, muestran la debilidad de la razón, pero no logran dudar de todo, porque el corazón sabe lo que la razón no prueba. Véase la discusión en Escepticismo: de Pirrón a Hume.
La posición se relaciona con la crítica de Pascal a Descartes. En los Pensamientos se lee la fórmula «Descartes inútil e incierto» (S. 445 / L. 887). Parte de los intérpretes la entiende como crítica a la inutilidad de la filosofía cartesiana para la salvación; otros, como Daniel Klugman, sostienen que la crítica alcanza también a la teoría cartesiana del conocimiento. Para el otro lado del debate, véanse Cogito, ergo sum: el fundamento cartesiano y el perfil de René Descartes.
8. Miseria y grandeza del hombre
El eje antropológico de la apología es la doble tesis de que el hombre es a la vez miserable y grande: miserable, porque finito, ignorante, frágil, dominado por la imaginación, el amor propio y la opinión; grande, porque se sabe miserable. El ser humano es así una contradicción que solo la doctrina cristiana de la caída y la redención, argumenta Pascal, explica.
8.1 La caña pensante (Br. 347 / L. 200)
«El hombre no es más que una caña, la más débil de la naturaleza; pero es una caña pensante» (roseau pensant). No hace falta que el universo entero se arme para aplastarlo: un vapor, una gota de agua bastan. Pero, aunque el universo lo aplastara, el hombre seguiría siendo más noble que lo que lo mata, porque sabe que muere y conoce la ventaja que el universo tiene sobre él; el universo no sabe nada de esto. «Toda nuestra dignidad consiste, pues, en el pensamiento», y de ahí el programa moral: trabajar para pensar bien.
8.2 Los dos infinitos (Br. 72)
En el fragmento sobre la «desproporción del hombre», Pascal invita al lector a contemplar la naturaleza en su inmensidad y luego el más pequeño de los seres, el ácaro, en cuya pequeñez se abren mundos aún menores. El hombre está suspendido entre lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño, «una nada respecto del infinito, un todo respecto de la nada», incapaz de captar los extremos. El pasaje acompaña a la frase: «El silencio eterno de estos espacios infinitos me aterra» (Br. 206). En la recepción posterior, el texto suele compararse, por contraste, con la célebre conclusión de la Crítica de la razón práctica de Kant (el cielo estrellado sobre mí y la ley moral en mí), aunque se trata de un paralelo de lectores y no de una influencia demostrada (véanse Kant: ética, imperativo categórico y autonomía y el perfil de Immanuel Kant).
8.3 El entretenimiento (Br. 139)
El entretenimiento o divertimento (divertissement) es la actividad por la cual los hombres se desvían de pensar en su condición: caza, juego, conversación, guerra, cargos. Para Pascal, «toda la desdicha de los hombres viene de una sola cosa, que es no saber permanecer en reposo en una habitación» (tout le malheur des hommes vient d’une seule chose, qui est de ne savoir pas demeurer en repos dans une chambre). Quien está a solas consigo mismo se enfrenta a su propia mortalidad y a su vacío, y el tedio lo expone; el entretenimiento es un expediente para no mirar. Incluso los reyes, observa Pascal, necesitan ser entretenidos, pues sin distracción serían desdichados. El análisis va más allá de la crítica moral: el entretenimiento es, a la inversa, prueba de la grandeza y de la miseria humanas, pues revela que ningún bien finito nos satisface.
En otro fragmento, Pascal ilustra la contingencia de los asuntos humanos con la nariz de Cleopatra (Br. 162): si hubiera sido más corta, la faz de la tierra habría cambiado. Es una observación sobre el peso de las causas pequeñas en la historia, frente a la pretensión de racionalidad de las grandes explicaciones.
9. Los tres órdenes (Br. 793 / L. 308)
Uno de los textos más densos es el de los tres órdenes: el de los cuerpos, el de los espíritus (o mentes) y el de la caridad. Pascal los concibe separados por distancias infinitas: la distancia infinita entre los cuerpos y los espíritus figura la distancia infinitamente más infinita entre los espíritus y la caridad, que es sobrenatural. Así, los grandes de la carne, reyes y ricos, nada significan para las mentes; los grandes genios, como Arquímedes, son invisibles a los ojos de los reyes, pero brillan a los ojos del espíritu; y los santos, que pertenecen al orden de la caridad, son invisibles para ambos, pero visibles para Dios. Jesucristo, en este esquema, no ostenta poder temporal ni hace descubrimientos científicos, y tiene, sin embargo, la grandeza propia de la santidad.
Hay lecturas divergentes. Unos ven en la doctrina de los órdenes una afirmación de heterogeneidad radical: ninguna cantidad de cuerpo produce un pensamiento, ninguna cantidad de pensamiento produce un acto de caridad. Otros, como Jean-Luc Marion, leen en ella una subordinación de la metafísica cartesiana a la caridad; otros más sostienen que el fragmento enuncia un enfrentamiento entre dos concepciones del saber. La discusión muestra cuán central y polémico es el tema entre los especialistas.
10. Pascal y sus interlocutores
Montaigne. Pascal lee los Ensayos con atención; en la conversación con el señor de Sacy sobre Epicteto y Montaigne (relatada en 1655), contrapone el estoicismo, que conoce la grandeza del hombre e ignora su miseria, y el escepticismo, que ve la miseria e ignora la grandeza, y propone que el cristianismo une ambas verdades. Montaigne es, a la vez, punto de partida y adversario (véanse Montaigne: Ensayos, escepticismo y autoconocimiento y el perfil de Michel de Montaigne).
La tradición empirista. Los Pensamientos nada deben a los autores británicos tratados en Empirismo británico: Locke y Berkeley, pero hay puntos de contacto por contraste. Locke, durante su estancia en Francia (1675–1679), tradujo ensayos morales de Pierre Nicole, vinculado a Port-Royal, y su tesis de que la razón juzga la fe y la probabilidad recuerda la atención pascaliana a las decisiones bajo incertidumbre, aunque con conclusiones distintas. Berkeley dirige el Alcifrón (1732) contra los «espíritus fuertes» de su tiempo, los mismos tipos mundanos a quienes Pascal dirige la apuesta; pero aquí solo hay paralelo de contexto, no influencia demostrada. Respecto a los milagros, la crítica de Hume (Investigación sobre el entendimiento humano, X, 1748) tiene como telón de fondo apologéticas como la de Pascal, que concedía peso a los milagros (como el de la Santa Espina, 1656, ligado a Port-Royal); véase David Hume: empirismo, causalidad, inducción. Véanse también los perfiles de John Locke, George Berkeley y David Hume.
11. Recepción
Voltaire. En la vigésima quinta de las Cartas filosóficas (1734), titulada «Sobre los Pensamientos del Sr. Pascal», Voltaire ataca la visión pesimista del hombre: defiende a la humanidad contra lo que considera una exageración melancólica y discrepa del desprecio de Pascal por los placeres y las ocupaciones humanas. La crítica de Voltaire fija uno de los términos del debate: de un lado, la apologética pascaliana; del otro, el optimismo moderado de la Ilustración. El perfil de Voltaire detalla el contexto y, para la contraparte en teodicea, véase Leibniz y la Monadología.
Kant. El paralelo entre el desconcierto de Pascal ante el silencio de los espacios infinitos y la conclusión de la segunda Crítica es recurrente en la literatura, aunque no debe hablarse de influencia directa sin evidencia textual.
Nietzsche. Nietzsche trató a Pascal con ambivalencia. En El Anticristo (§5) se refiere a la corrupción de Pascal como el ejemplo más lamentable de alguien que creía que su razón había sido corrompida por el pecado original cuando, según la lectura de Nietzsche, había sido el propio cristianismo el que lo había corrompido. Para el contexto, véase Nietzsche: nihilismo y sociedad contemporánea.
Kierkegaard y los existencialistas. La tradición existencialista leyó en Pascal a un precursor de la angustia, de la paradoja de la fe y del carácter decisivo de la elección, temas asociados a Kierkegaard (véanse Kierkegaard: estadios de la existencia y Existencialismo). El sociólogo y crítico Lucien Goldmann, en El Dios oculto (1955), propuso una lectura que vincula la «visión trágica» de Pascal con el jansenismo y la posición social de la nobleza de toga.
Unamuno. El pensador español Miguel de Unamuno, en cuya obra la fe es inseparable de la duda y del anhelo de inmortalidad, es asociado con frecuencia por los comentaristas a Pascal y a Kierkegaard en la tradición de la «agonía» de la conciencia religiosa. Véase el perfil de Miguel de Unamuno.
Teoría de la decisión. El cálculo de probabilidades y la apuesta convierten a Pascal en un precursor invocado por teóricos de la decisión y por filósofos de la religión contemporáneos.
12. Balance
Pascal propone una antropología en la que el ser humano se define por su contradicción, una epistemología que reconoce una pluralidad de órdenes y de modos de conocer, y una apologética dirigida al hombre que no se sabe creyente. Sus textos siguen en disputa: hay quien los lee como fideísmo, quien como racionalismo moderado y quien subraya su dimensión literaria. Lo que puede decirse con seguridad es que su delimitación de los dominios de la razón, el corazón y la caridad influyó en la filosofía de la religión, en la literatura francesa y en la reflexión sobre la condición humana en los siglos siguientes.
Lecturas recomendadas
- Pensamientos (póstumo, 1670) — Blaise Pascal (ediciones Brunschvicg, Lafuma y Sellier; conviene comprobar la numeración)
- Cartas provinciales (1656–1657) — Blaise Pascal
- Del espíritu geométrico y Del arte de persuadir — Blaise Pascal
- Conversación con el señor de Sacy sobre Epicteto y Montaigne — Blaise Pascal
- Voltaire, Cartas filosóficas (1734), carta XXV
- El Dios oculto (1955) — Lucien Goldmann
- The Emergence of Probability (1975) — Ian Hacking
- Stanford Encyclopedia of Philosophy: entradas «Blaise Pascal» y «Pascal’s Wager»