Cuando alguien afirma que “la tortura es incorrecta”, lo habitual es discutir si la afirmación es verdadera, si es compatible con ciertas teorías morales o cómo se aplica a un caso concreto. La metaética pregunta otra cosa: ¿qué estamos haciendo cuando formulamos esa afirmación? ¿Describimos un hecho, expresamos una actitud, prescribimos una conducta? ¿Existen hechos morales independientes de las mentes humanas? Si existen, ¿cómo los conocemos? Si no, ¿en qué sentido puede la moral ser objetiva o racional?

Este artículo presenta el campo: su delimitación, los argumentos fundacionales de Hume y Moore, las principales familias de teorías (intuicionismo, emotivismo, prescriptivismo, expresivismo, teoría del error, realismo, constructivismo, relativismo) y los problemas que las organizan. Para las teorías normativas, véase el artículo sobre deontología, consecuencialismo y ética de las virtudes; para la entrada general, ética.


1. Tres niveles de la reflexión ética

La distinción habitual es entre tres niveles, relacionados pero que no deben confundirse:

  • Ética normativa. Pregunta qué debemos hacer y qué clase de persona debemos ser, y busca principios generales. Es el terreno de teorías como el utilitarismo de Bentham y Mill, la ética kantiana y la ética de las virtudes de inspiración aristotélica.
  • Ética aplicada. Aplica principios a problemas específicos: bioética, ética animal, ética de la inteligencia artificial, dilemas como el problema del tranvía.
  • Metaética. Investiga los presupuestos metafísicos, epistemológicos, semánticos y psicológicos del pensamiento y de la práctica morales. Su objeto son preguntas de segundo orden: el significado de los términos morales (“bueno”, “correcto”, “deber”), el estatus ontológico de las propiedades morales, la posibilidad del conocimiento moral, la relación entre juicio moral y motivación.

La frontera es permeable: la elección de una teoría normativa puede depender de tesis metaéticas (por ejemplo, de si hay verdades morales necesarias), y viceversa. Aun así, la tradición analítica del siglo XX, a partir de Moore, consolidó la metaética como subárea autónoma.

Un mapa de posiciones

Suelen combinarse tres ejes de clasificación:

  1. Semántico. Cognitivismo: los juicios morales expresan creencias y pueden ser verdaderos o falsos. No cognitivismo: expresan actitudes, emociones o prescripciones y no son aptos para la verdad en sentido pleno.
  2. Metafísico. Realismo: hay hechos o propiedades morales independientes de las actitudes de los sujetos. Antirrealismo: no los hay (la posición puede ser la teoría del error, el constructivismo, el relativismo o el expresivismo). Véanse las entradas realismo y antirrealismo.
  3. Naturalista. Naturalismo: las propiedades morales son propiedades naturales (o reducibles a ellas). No naturalismo: son sui generis.

2. La ley de Hume: del “es” al “debe”

En el Tratado de la naturaleza humana (1739–1740), Libro III, parte I, sección 1, David Hume observa que, en todos los sistemas morales que conocía, el autor pasa de proposiciones con la cópula “es” a proposiciones con “debe” (ought) sin explicar cómo esta nueva relación se sigue de la anterior. Para Hume, ese tránsito merece atención porque expresa una relación enteramente distinta. La observación se conoce como ley de Hume (o “guillotina de Hume”): no puede derivarse, por deducción, conclusiones normativas a partir de premisas puramente descriptivas.

Hay debate sobre el alcance del texto: algunos comentaristas ven en él una tesis lógica; otros, un argumento a favor de la tesis de que la razón por sí sola no puede motivar la acción, central en su sentimentalismo moral (Hume, Tratado, III.i.1; véase el artículo sobre Hume). También hubo objeciones técnicas: A. N. Prior (“The Autonomy of Ethics”, 1960) presentó ejemplos en los que la inferencia parece válida, y John Searle (“How to Derive ‘Ought’ from ‘Is’”, 1964) intentó derivar un “debe” de la institución de prometer. Ambas propuestas son controvertidas.

La ley de Hume alimenta la metaética en dos direcciones: como motivo para el no cognitivismo (si el “debe” no se sigue del “es”, quizá exprese algo distinto de una descripción) y como desafío al naturalismo.


3. G. E. Moore: la falacia naturalista y la pregunta abierta

G. E. Moore (1873–1958) inauguró la metaética moderna con Principia Ethica (1903). Su punto de partida es que la ética debe comenzar aclarando la pregunta “¿qué es lo bueno?”, antes de preguntar qué acciones son buenas u obligatorias.

Moore sostiene que “bueno” designa una propiedad simple y, por ello, indefinible: no puede analizarse en términos de otras propiedades, así como no se puede definir “amarillo” para quien nunca lo ha visto. Llamó falacia naturalista al error de identificar lo bueno con alguna propiedad natural (como el placer o el deseo) o, más ampliamente, de definir “bueno” en otros términos. En ese espíritu, Moore criticó el utilitarismo hedonista de John Stuart Mill y el evolucionismo ético de Herbert Spencer.

El instrumento central es el argumento de la pregunta abierta (Principia Ethica, §13). Para cualquier definición propuesta, por ejemplo “bueno = placentero”, siempre tiene sentido preguntar “pero ¿es bueno lo placentero?”. Si la definición fuera correcta, la pregunta sería trivial, como “¿es un soltero un soltero?”. Como permanece abierta, la definición fracasa. Moore concluyó que lo bueno es una propiedad no natural, aprehendida por intuición.

Críticas y pervivencia

  • William Frankena (1939) observó que la etiqueta “falacia naturalista” es inadecuada: el error, si lo hay, consiste en definir una propiedad mediante otra, y no se limita a definiciones naturales. De ahí la “falacia definista”.
  • El argumento de la pregunta abierta presupone que las identidades verdaderas son conceptualmente transparentes. Tras los trabajos de Saul Kripke y Hilary Putnam sobre identidades teóricas necesarias a posteriori (como “agua = H₂O”), los naturalistas sostienen que la apertura de la pregunta muestra una diferencia de conceptos, no de propiedades.
  • La expresión “falacia naturalista” se usa hoy de manera mucho más laxa, incluso para el error de inferir lo bueno a partir de lo “natural”. Véase la entrada falacia naturalista.

4. Intuicionismo

Del legado de Moore deriva el intuicionismo ético, para el cual las verdades morales básicas se aprehenden directamente, sin demostrarse a partir de otras. Dos figuras de principios del siglo XX son centrales:

  • H. A. Prichard, en “Does Moral Philosophy Rest on a Mistake?” (Mind, 1912), sostiene que la filosofía moral se equivocó al buscar una prueba de que debemos actuar moralmente; la obligación se aprehende de manera inmediata.
  • W. D. Ross (1877–1971), en The Right and the Good (1930), propone un pluralismo de deberes prima facie: fidelidad, reparación, gratitud, justicia, beneficencia, automejora y no maleficencia. Ninguno es absoluto; en cada situación el deber efectivo resulta de ponderar mediante el juicio los deberes prima facie en juego. Ross se opone tanto al monismo utilitarista como al absolutismo kantiano.

Los intuicionistas sostienen que los principios morales más generales son autoevidentes para quien los considera con madurez, como los axiomas. Las objeciones clásicas: la diversidad de intuiciones entre épocas y culturas, la dificultad de explicar el acceso epistémico a hechos no naturales y la hipótesis de que las intuiciones morales son productos de procesos evolutivos o sociales sin relación con la verdad. Defensores contemporáneos, como Robert Audi y Michael Huemer, han reformulado la doctrina en términos de intuiciones como apariencias o seemings.


5. Emotivismo

El emotivismo nace de la intersección entre la crítica de Hume y el positivismo lógico, y es la primera gran teoría no cognitivista.

A. J. Ayer (1910–1989), en Language, Truth and Logic (1936), capítulo 6, parte del principio de verificación: solo son significativos, en sentido cognitivo, los enunciados analíticos o empíricamente verificables. Los enunciados éticos no son ni lo uno ni lo otro. Ayer concluye que no afirman hechos, sino que expresan sentimientos y buscan suscitar sentimientos o acciones en otros; no son ni verdaderos ni falsos. En términos corrientes, decir que alguien obró mal al robar equivaldría a afirmar el hecho del robo con un tono añadido de reprobación, y ese añadido no afirma nada más allá del hecho.

Charles L. Stevenson (1908–1979), en “The Emotive Meaning of Ethical Terms” (Mind, 1937) y Ethics and Language (1944), ofrece una versión más refinada. Distingue el significado descriptivo del significado emotivo de una palabra, su capacidad de expresar actitudes y de influir en las de otros. Los términos éticos tienen un fuerte significado emotivo. Stevenson separa también el desacuerdo de creencias (sobre hechos) del desacuerdo de actitudes (sobre qué aprobar), y sostiene que muchas disputas morales son desacuerdos de actitudes, resolubles, cuando lo son, por persuasión racional y no por prueba. Un análisis provisional de Stevenson es que “esto es bueno” significa, aproximadamente, “yo apruebo esto; apruébalo tú también”.

Problemas

El emotivismo enfrentó las críticas de que reduce el razonamiento moral a persuasión, de que no capta la posibilidad de argumentar racionalmente en ética y de que no explica la lógica de los términos morales en contextos complejos, lo que se convirtió en el problema Frege-Geach (sección 7). El principio de verificación en el que Ayer se apoyaba fue abandonado por la filosofía analítica debido a sus propias dificultades.


6. Prescriptivismo universal (R. M. Hare)

R. M. Hare (1919–2002), en The Language of Morals (1952), Freedom and Reason (1963) y Moral Thinking (1981), formula una versión del no cognitivismo que preserva la racionalidad moral. Para Hare, los juicios morales son prescripciones, actos de habla que guían la acción, y poseen dos propiedades lógicas:

  1. Prescriptividad: aceptar sinceramente “debo hacer X” implica estar dispuesto a hacer X (si se puede).
  2. Universalizabilidad: si un juicio moral se aplica a una situación, se aplica a cualquier situación relevantemente semejante, incluso aquellas en que yo ocuparía el lugar de otra persona. Es un rasgo de inspiración kantiana.

La universalizabilidad aporta restricciones lógicas al pensamiento moral y deja espacio para la argumentación. En Moral Thinking, Hare sostiene que el prescriptivismo universal, junto con hechos sobre preferencias, conduce a una forma de utilitarismo (de preferencias), en un modelo de dos niveles: el crítico, en el que se justifica el principio utilitarista, y el intuitivo, en el que se siguen reglas morales simples en la vida diaria. El prescriptivismo influyó directamente en la filosofía moral de Peter Singer, quien estudió con Hare en Oxford. Entre las críticas figuran que el argumento de Hare a favor del utilitarismo parece exigir más de lo que la lógica ofrece, y que el prescriptivista no logra explicar al “fanático” que acepta universalmente prescripciones monstruosas.


7. Expresivismo, cuasirrealismo y el problema Frege-Geach

El expresivismo contemporáneo hereda el emotivismo y el prescriptivismo bajo una forma sofisticada: los juicios morales expresan estados mentales no representacionales (actitudes, planes, normas), y la tarea consiste en explicar cómo, aun así, el discurso moral funciona como si fuera fáctico.

Simon Blackburn desarrolla el cuasirrealismo en Spreading the Word (1984), con desarrollos en los ensayos de Essays in Quasi-Realism (1993) y en Ruling Passions (1998). El proyecto consiste en partir de una base expresivista y mostrar que se puede “ganar” legítimamente el derecho a hablar de verdad moral, de hechos morales y de error, como si el realismo fuera verdadero, sin abandonar el antirrealismo. Allan Gibbard, en Wise Choices, Apt Feelings (1990), propone el expresivismo de normas (los juicios morales expresan la aceptación de normas que regulan sentimientos como la culpa y la indignación) y, en Thinking How to Live (2003), el expresivismo de planes: pensar qué hacer es decidir qué hacer, y los juicios morales expresan planes.

El problema Frege-Geach

La principal objeción al no cognitivismo y al expresivismo es el problema Frege-Geach, formulado por P. T. Geach (en “Ascriptivism”, 1960, y “Assertion”, 1965), a partir de una observación de Frege sobre el sentido de las proposiciones en contextos no asertivos, y planteado también, de forma independiente, por John Searle (1962). El razonamiento:

  1. “Mentir es incorrecto.”
  2. “Si mentir es incorrecto, entonces hacer que tu hermano mienta es incorrecto.”
  3. Por tanto, “hacer que tu hermano mienta es incorrecto.”

El argumento es un modus ponens válido. Para que lo sea, la expresión “mentir es incorrecto” debe tener el mismo significado en la premisa 1 (afirmada) y como antecedente de la premisa 2 (no afirmada, solo supuesta). Pero si “mentir es incorrecto” solo expresa reprobación, dentro de un condicional nadie la expresa, y el significado parece cambiar. Por tanto, el expresivista necesita una semántica composicional que dé cuenta de la negación, los condicionales, las disyunciones y la cuantificación sobre juicios morales.

Las respuestas: Blackburn y Gibbard desarrollaron lógicas de actitudes y de planes, con resultados técnicos sustanciales; Mark Schroeder (Being For, 2008) mostró dificultades persistentes del programa. El problema sigue siendo la principal prueba de cualquier teoría expresivista.


8. La teoría del error (J. L. Mackie)

J. L. Mackie (1917–1981), en Ethics: Inventing Right and Wrong (1977), defiende un escepticismo moral de segundo orden: la teoría del error. Tiene dos partes:

  • Una tesis semántica (cognitivista): el discurso moral común pretende describir propiedades objetivas dotadas de fuerza prescriptiva intrínseca; es decir, presupone la existencia de valores objetivos.
  • Una tesis metafísica (antirrealista): no existen tales propiedades. Todos los juicios morales positivos son, por tanto, falsos (o carecen de valor de verdad). El error es el del presupuesto.

Mackie presenta dos argumentos principales. El argumento de la relatividad parte de la variación de los códigos morales entre sociedades y épocas, que se explica mejor por la hipótesis de que reflejan formas de vida que por la de que son percepciones de valores objetivos. El argumento de la rareza (queerness) tiene dos versiones: la metafísica, según la cual los valores objetivos serían entidades o propiedades de un tipo muy peculiar, distintas de todo lo demás en el universo, con una fuerza prescriptiva intrínseca; y la epistemológica, según la cual necesitaríamos una facultad especial de intuición moral, igualmente extraña.

Mackie no sostiene que debamos abandonar la moral: en la segunda parte de la obra propone una moral como invención que atiende a necesidades humanas. Versiones posteriores incluyen el ficcionalismo moral (Richard Joyce, The Myth of Morality, 2001), según el cual podríamos seguir usando el discurso moral como una ficción útil. Las respuestas a la teoría del error provienen tanto de realistas (que rechazan la rareza) como de expresivistas (que rechazan la tesis semántica de que el discurso moral pretende describir).


9. Realismo moral

El realismo moral afirma que hay hechos morales objetivos, en el sentido de que no dependen de lo que piense ningún individuo o grupo. Se divide en dos grandes familias.

9.1 Realismo naturalista: el “realismo de Cornell”

A mediados de los años ochenta, filósofos asociados a la Universidad de Cornell, Richard Boyd (“How to Be a Moral Realist”, 1988), Nicholas Sturgeon (“Moral Explanations”, 1985) y David Brink (Moral Realism and the Foundations of Ethics, 1989), defendieron que las propiedades morales son propiedades naturales reales que figuran en explicaciones causales, de modo análogo a las propiedades de la ciencia. La estrategia: (i) la identidad entre propiedades morales y naturales puede ser verdadera a posteriori, como “agua = H₂O”, de modo que la pregunta abierta de Moore no la refuta; (ii) los hechos morales explican acontecimientos (por ejemplo, la injusticia de un régimen explica su inestabilidad), y eso justifica la creencia en ellos, en la misma línea que los hechos teóricos de las ciencias. Boyd propuso que “bueno” se refiere a un conjunto homeostático de propiedades que satisfacen necesidades humanas.

Un desafío clásico es el de Gilbert Harman (The Nature of Morality, 1977): los hechos morales parecen innecesarios para explicar nuestras observaciones, a diferencia de los hechos físicos. Los realistas de Cornell responden que la explicación sí involucra propiedades morales. Otra forma de naturalismo es el neoaristotelismo de Philippa Foot (Natural Goodness, 2001), en el que el bien de un ser vivo se sigue de su forma de vida.

9.2 Realismo no naturalista

Los realistas no naturalistas, en la línea de Moore y Ross, sostienen que los hechos normativos son sui generis, irreductibles a hechos naturales. Derek Parfit, en On What Matters (2011, 2 vols.), defiende lo que llama no naturalismo no metafísico: hay verdades normativas irreductibles, pero no existen como entidades de una ontología densa, de modo que las objeciones de rareza metafísica pierden su base. Parfit sostiene además una convergencia (la “Triple Theory”) entre kantismo, contractualismo y consecuencialismo. Russ Shafer-Landau, en Moral Realism: A Defence (2003), propone un realismo robusto y no naturalista, con la tesis de que las verdades morales son independientes de las actitudes, y defiende la posibilidad del conocimiento moral con las intuiciones como evidencia. Otros defensores incluyen a Thomas Nagel (The View from Nowhere, 1986) y, en otro registro, a T. M. Scanlon.

9.3 Desafíos al realismo

  • Superveniencia. Los hechos morales varían con los hechos naturales (dos situaciones idénticas en lo natural no pueden diferir moralmente). El no naturalista debe explicar por qué vale esta dependencia si no hay identidad ni reducción. Véase la entrada superveniencia.
  • El argumento de la rareza de Mackie (sección 8).
  • Argumentos evolutivos de desenmascaramiento. Sharon Street (“A Darwinian Dilemma for Realist Theories of Value”, 2006) sostiene que nuestras disposiciones valorativas fueron moldeadas por la selección natural, que no rastrea verdades morales independientes de las actitudes; si el realismo fuera verdadero, habría una coincidencia improbable entre esas disposiciones y las verdades morales, o bien el realismo sería falso. Los realistas responden de varias maneras, entre ellas que la selección favorecería la detección de verdades morales, o que el argumento prueba demasiado.
  • Motivación. Si los juicios morales son creencias, ¿por qué motivan? Véase el “problema moral” de Michael Smith (The Moral Problem, 1994) y la tesis humeana de que las creencias solas no motivan.

10. Constructivismo

El constructivismo ocupa una posición intermedia: las verdades morales existen y pueden conocerse, pero son el resultado de un procedimiento de construcción, y no descripciones de hechos independientes.

John Rawls (1921–2002) presentó su posición en “Kantian Constructivism in Moral Theory” (Journal of Philosophy, 1980; las Dewey Lectures), en el contexto de la justificación de los principios de justicia de Teoría de la justicia (1971): esos principios son los que elegirían agentes racionales y razonables en una situación inicial equitativa (la posición original), sin tratarlos como verdades sobre un orden moral previo. Después, en Liberalismo político (1993), Rawls restringe el constructivismo a una concepción política de la justicia, sin pretender una doctrina metaética general. Véase el artículo sobre Rawls y Nozick.

Christine Korsgaard, en The Sources of Normativity (1996), defiende una forma kantiana de constructivismo: la normatividad de las razones morales tiene su origen en nuestra condición de agentes reflexivos, que necesitan una identidad práctica y leyes para sí; la fuerza de las obligaciones morales deriva del respaldo reflexivo de nuestra humanidad. Existe también el constructivismo humeano de Sharon Street, que parte de nuestros valores contingentes.

Los críticos señalan que el constructivismo no resuelve el problema (los procedimientos necesitan presupuestos sustantivos) y que es discutible si constituye realismo o antirrealismo, pues la respuesta depende de cómo se entienda la “independencia” de las verdades.


11. Relativismo

El relativismo admite tres niveles que conviene no confundir (véase la entrada relativismo):

  • Relativismo descriptivo: las sociedades divergen de hecho en sus códigos morales. Es una tesis empírica.
  • Relativismo metaético: no hay una moral objetivamente verdadera, y la verdad o corrección de los juicios morales es relativa a un marco (cultura, grupo, convención). Gilbert Harman (“Moral Relativism Defended”, 1975) sostiene que los juicios del tipo “es incorrecto que A haga X” son relativos a convenciones o acuerdos implícitos. David Wong (Moral Relativity, 1984) defiende una forma de relativismo que admite límites impuestos por las necesidades humanas.
  • Relativismo normativo: debemos tolerar las prácticas morales de otras culturas. Esta tesis no se sigue de las anteriores y, en rigor, es inconsistente con el relativismo metaético, pues toma la tolerancia como norma universal.

Críticas: el argumento de la diversidad no prueba la tesis (el desacuerdo puede reflejar diferencias fácticas o error), el relativismo parece incapaz de describir la crítica moral interna a las culturas y el progreso moral, y la noción de “cultura” es problemática. El argumento de la relatividad de Mackie (sección 8) muestra que el dato empírico de la diversidad también lo usan otras teorías antirrealistas.


12. Balance

Posición¿Cognitivismo?¿Realismo?Tesis centralAutores
Intuicionismosísí (no naturalista)verdades morales autoevidentesMoore, Prichard, Ross
Emotivismononolos juicios expresan actitudesAyer, Stevenson
Prescriptivismononolos juicios son prescripciones universalizablesHare
Expresivismo / cuasirrealismono (en general)nolos juicios expresan actitudes o planes, con “derecho” al discurso fácticoBlackburn, Gibbard
Teoría del errorsínolos juicios pretenden describir, pero son falsosMackie, Joyce
Realismo naturalistasísílas propiedades morales son naturalesBoyd, Sturgeon, Brink
Realismo no naturalistasísíhechos normativos sui generisParfit, Shafer-Landau
Constructivismoen general sídiscutidolas verdades resultan de procedimientosRawls, Korsgaard
Relativismoen general sínoverdad relativa a un marcoHarman, Wong

Los grandes problemas que organizan el debate son, en síntesis: el argumento de la pregunta abierta (Moore), la ley de Hume, la rareza (Mackie), el problema Frege-Geach, la superveniencia, la motivación y el desenmascaramiento evolutivo. Cada familia de teorías es una respuesta, con sus costos, a este conjunto. La metaética dialoga también con la epistemología, en especial sobre cómo podría haber conocimiento moral y qué papel tienen las intuiciones como evidencia, y con la filosofía del lenguaje, en el análisis del significado de los términos morales.


Referencias

  • David Hume, Tratado de la naturaleza humana (1739–1740), Libro III, parte I, sección 1.
  • G. E. Moore, Principia Ethica (1903).
  • H. A. Prichard, “Does Moral Philosophy Rest on a Mistake?”, Mind, 1912.
  • W. D. Ross, The Right and the Good (1930).
  • A. J. Ayer, Language, Truth and Logic (1936).
  • C. L. Stevenson, “The Emotive Meaning of Ethical Terms”, Mind, 1937; Ethics and Language (1944).
  • R. M. Hare, The Language of Morals (1952); Freedom and Reason (1963); Moral Thinking (1981).
  • P. T. Geach, “Assertion”, The Philosophical Review, 1965.
  • J. L. Mackie, Ethics: Inventing Right and Wrong (1977).
  • Gilbert Harman, The Nature of Morality (1977).
  • Simon Blackburn, Spreading the Word (1984); Ruling Passions (1998).
  • Allan Gibbard, Wise Choices, Apt Feelings (1990); Thinking How to Live (2003).
  • Nicholas Sturgeon, “Moral Explanations” (1985); Richard Boyd, “How to Be a Moral Realist” (1988); David O. Brink, Moral Realism and the Foundations of Ethics (1989).
  • John Rawls, A Theory of Justice (1971); “Kantian Constructivism in Moral Theory”, Journal of Philosophy, 1980.
  • Christine Korsgaard, The Sources of Normativity (1996).
  • Russ Shafer-Landau, Moral Realism: A Defence (2003).
  • Sharon Street, “A Darwinian Dilemma for Realist Theories of Value”, Philosophical Studies 127, 2006.
  • Derek Parfit, On What Matters (2011).
  • Stanford Encyclopedia of Philosophy, entrada “Metaethics”.

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